La historia detrás de las más grandes canciones

Bob Luman y la última oportunidad de brillar

En 1959 Bob Luman anunció que lo dejaba todo. Los Pittsburgh Pirates le habían ofrecido un contrato y él, harto de una carrera construida sobre correrías y fracasos que no había despegado, decidió aceptarlo. Esa noche los Everly Brothers estaban en el público.

El de Blackjack, Texas, había crecido insatisfecho con todo lo que no fuera música o béisbol. En 1956 reemplazó a Johnny Cash en el Louisiana Hayride, su primer gran golpe, y ese mismo año formó una banda con un guitarrista de quince años llamado James Burton, el mismo que décadas después sería la columna vertebral del sonido en vivo de Elvis Presley durante su etapa de Las Vegas. Luman lo tenía primero.

Un día Ricky Nelson llegó mientras ensayaban en Hollywood, los escuchó y pocas horas después un telegrama apareció en manos de Burton. Lo invitaba a él y al bajista James Kirkland a reunirse con Nelson. Ambos aceptaron y se fueron.

Capitol Records lo firmó después. Le dijeron que tenían un plan: querían cambiarle el nombre a Bobby Glynn. Luman se negó y lo echaron. Warner Bros. lo fichó en 1959 y sacó un par de singles que no hallaron ninguna radiodifusora dispuesta a pasarlos. La agonía de una carrera sin dirección terminó cuando los Pirates llamaron y él decidió colgar la guitarra con tal de enfundarse en el uniforme de beisbol.

Sorprendidos, los Everly Brothers buscaron a Bob al instante y le dijeron que esperaran un poco porque tenían una propuesta. De no hechizarlo lo suficiente, lo dejarían cumplir su adiós musical.

“Estaba en el Knickerbocker Hotel en Hollywood cuando los Everly me llamaron. Fui a verlos al día siguiente y dijeron que tenían una canción. Les dije que lo estaba dejando todo y ellos dijeron: prueba esto antes de irte”, recordaría el astro de la sonrisa torcida.

La composición era mérito de Boudleaux Bryant, el genio detrás de los grandes hits de los Everly. Era una sátira de las canciones de tragedias juveniles y baladas de pistoleros que saturaban la radio norteamericana de 1960. “El Paso” de Marty Robbins, “One of Us (Will Weep Tonight)” de Patti Page, “Cathy’s Clown” de los Everly Brothers, “Teen Angel” de Mark Dinning. Entregas donde alguien moría, prometía morir de amor o lloraba hasta el final.

Bryant las nombró en la letra y la conclusión fue simple y brutal: si todos morían o se deshacían en sus canciones como decían, Luman pronto sería el único músico vivo de la industria. La canción se llamaba “Let’s Think About Living”. Pensar en vivir, en bailar, en arrebatarse de amor… y no en morir. Una absolución disfrazada de sátira.

Luman emprendió el camino a Nashville, aprendió el corte y lo grabó el 11 de julio de 1960 en los estudios RCA Victor. Warner Bros. lo lanzó en agosto de ese año, mientras el cantante cumplía su servicio militar.

El impacto fue irrefutable: alcanzó el séptimo puesto del Billboard Hot 100 y el sexto peldaño en el Reino Unido. Luman se enteró del éxito desde un cuartel en Tennessee.

Bob sufrió un episodio cardíaco grave en 1975 y pasó casi cinco meses recuperándose, algo que le dio motivos para bromear en el escenario sobre sus facturas médicas. Su último material, el Alive and Well de 1977, lo produjo Johnny Cash, el mismísimo músico cuyo lugar en el Louisiana Hayride había ocupado Luman veinte años antes.

Luma murió de neumonía en Nashville el 27 de diciembre de 1978.

La canción que le propusieron los Everly Brothers y que le salvó la carrera, escrita para reírse de todos los que prometían morir, lo dejó siendo el único sobreviviente de su propia historia.

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