La historia detrás de las más grandes canciones

El chillido que fascinó a los Pumpkins

En 2012, Rolling Stone lanzó una encuesta entre los seguidores de The Smashing Pumpkins para elegir la mejor canción de la banda de Chicago. La lógica apuntaba hacia “1979”, “Cherub Rock”, “Tonight, Tonight” o “Disarm”, estandartes de los años 90.

Ganó “Mayonaise”.

Una canción que jamás encabezó la maquinaria comercial del grupo, una gema nacida desde accidentes, hartazgo emocional y una mala traducción en Japón en algún momento de 1992.

Billy Corgan rememoró la peripecia en 2022, durante el podcast Reinvented with Jen Eckhart. En plena gira de Gish la agrupación hojeaba un folleto promocional preparado para seguidores japoneses. Como el álbum debut no incluía letras oficiales, un traductor había intentado reconstruirlas escuchando la voz de Corgan con audífonos. En una de las páginas apareció una línea desconcertante: “Mayonnaise seas”.

El tipo defendió la frase con tesón y se aferró a lo que había escuchado, mientras los Pumpkins enredaron algunas carcajadas. Todo lo absurda que podía sonar la expresión era, a la vez, brillante. Y el chistorete prevaleció, se mantuvo a flote y se convirtió en el título de una composición.

Mientras la palabra flotaba dentro de la banda, Siamese Dream avanzaba hacia una grabación intensísima. El éxito de Nirvana a través de Nevermind había trastocado el negocio y las disqueras se aferraron a impulsar producciones capaces de agitar los charts y vender millones. Virgin Records esperaba que los Pumpkins entraran en esa conversación, lo que mordisqueó la serenidad de Corgan y llevó la presión hasta el límite. “Nunca había sentido algo así en mi vida”, declaró el artista a Ultimate Classic Rock.

El grupo se instaló en los Triclops Studios de Georgia junto al productor Butch Vig. Ahí comenzaron jornadas de quince horas diarias. Jimmy Chamberlin tocaba a pesar de una fortísima adicción a la heroína, James Iha y D’arcy Wretzky padecían los estragos de su relación desgastada y volcánica, mientras que Billy era frecuentemente apretujado por los tentáculos de la depresión, a la vez obsesionado con alcanzar un sonido memorable.

“Mayonaise” brotó cuando todo eso humeaba en el estudio.

Iha había construido la base instrumental usando una afinación suspendida entre la melancolía y la electricidad. Corgan pegó oreja al demo, recogió su quijada del suelo y le dijo al guitarrista que aquello le parecía majestuoso.

Ya después, se dio otro golpe de suerte. Billy utilizaba una guitarra Kimberly Bison comprada en las baratijas de una casa de empeño que emitía un extraño silbido cada vez que él dejaba de tocar. En lugar de corregir el defecto, la cuadrilla hizo lo necesario para que el agudo sonido permaneciera vivo. Los años consolidarían la anécdota y el chillido se volvería una de las firmas sonoras más reconocibles del alternativo noventero.

“Escribimos las pausas necesarias para que el silbido formara parte de la canción”, explicó el cantante.

La letra del corte parece escrita desde un lugar donde alguien intenta sostenerse mientras todo a su alrededor cambia violentamente. Y entonces… aparece la línea que alumbra todo: “When I can, I will try to understand…”

“Mayonaise” es esa promesa pequeña y eterna en medio del caos, de la borrasca y de la década telúrica en la que muchos sucumbieron intempestivamente. Empezando por músicos como Billy.

Él, pese a todo, logró sobrevivir.

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