
Ray Davies estaba agotado. A mediados de la década de los 60 una colisión de realidades familiares y profesionales había dejado su cabeza como un edificio en ruinas.
“Acababa de regresar a casa después de una desastrosa gira estadounidense y mi esposa acababa de tener bebé…”
Mirando el estado de las cosas, sus manejadores Grenville Collins y Robert Wace lo enviaron a un hotel para que pudiera despejar la mente y recuperar claridad: “Era un hotel muy caro en Devon, en un sitio llamado Torquay”, reveló Ray en una entrevista que concedió en noviembre de 2017 a Legs McNeil.
Algo que parecía insignificante, no lo fue tanto: en pocos minutos un individuo se había acercado a él para proponerle ir a jugar golf como quien ofrece una membresía invisible. “Puedes ser de los nuestros”, le dijo, dejándole un nubarrón de misterio ocupando su cabeza.“La gente me había visto en televisión. Esta gente muy respetable pensó que yo podría ser uno de ellos, pero no era lo que yo precisamente quería”.
Davies vio un destino posible, eso que “pudo haber sido” en caso de aceptar la invitación del incauto. “Aquello fue algo que me disgustó al instante porque lo establecido te atrae y te convierte en uno de ellos y eso es lo más lejos que puedes llegar. No puedes escapar. Gente como (John) Lennon se dio cuenta de eso.”
“A Well Respected Man” fue una de las composiciones que emanaron de aquel episodio en la vida del líder de The Kinks. El single salió primero en el Reino Unido dentro del EP Kwyet Kinks el 17 de septiembre de 1965 y terminó volviéndose un acontecimiento bisagra: fue el momento en que Ray dejó el riff como único vehículo y empezó a escribir alrededor de ciertos personajes, en este caso gente impecable por fuera, pero domesticada por dentro. Como aquel golfista en Torquay.
Más que una espada de protesta, el londinense creó “A Well Respected Man” como un escudo que le protegiera de convertirse en alguien intachable y, en consecuencia, aceptable. La canción era una postal sociológica de la Inglaterra de mediados de los años 60. Si “You Really Got Me” era energía física, “A Well Respected Man” era literatura social a partir del nacimiento de Ray Davies como cronista, un estilo que Pete Townshend admiró en demasía y que Paul Weller usó en la fundación de The Jam. Tres décadas después, Blur y Oasis heredarían esa obsesión por personajes británicos cotidianos.
A ritmo casi music hall y esa forma de cantar casi sonriendo y abrazado a una tersa guitarra acústica, Ray entendió que la ironía puede resultar más devastadora que un amplificador saturado. Aquel resort donde abundaban los golfistas de vidas perfectas lo llevó a entender que ciertas invitaciones pueden cambiarte la vida y otras tienen la fuerza de borrarte dentro de ella. Los cánticos de sirena de todos esos que oh, son tan buenos, oh, son tan pulcros, oh, son tan puntuales.
“’Cause he gets up in the morning, and he goes to work at nine, and he comes back home at five-thirty, gets the same train every time…”
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