
Una patrulla apareció detrás del estudio y de pronto el callejón en Hollywood se llenó de ruido. Policías caminando a paso urgente, curiosos asomándose desde las puertas, técnicos estupefactos y congelados.
Guns N’ Roses trabajaba en el pulido de su nueva producción doble cuando algo irrumpió en el registro de la manera más salvaje posible.
“Un día, durante las grabaciones de Use Your Illusion I y II, en que todo el mundo empezó a hablar de lo mismo”, recuperó Slash en su autobiografía publicada en 2007. “La policía encontró un brazo desmembrado y una cabeza dentro del contenedor de basura detrás del estudio donde teníamos las sesiones. Lo único que sé es que nosotros no fuimos, pero Izzy (Stradlin) convirtió ese episodio en la letra de ‘Double Talkin’ Jive’”.
Izzy tomó aquel suceso inverosímil y abrió una nueva composición con una perturbadora línea imposible de guardar en el cajón de la indiferencia: “Found a head and an arm in the garbage can…”
Fue una demoledora línea de apertura en tiempo real. Tal crimen en Los Ángeles había ocurrido durante las sesiones del material de Guns y quedó adherido para siempre a “Double Talkin’ Jive”, una entrega distinta a lo que ondeaba en la radio en los albores de la década. Mientras el rock duro se volvía pomposo y perseguía grandilocuencia, Izzy escribió algo que apestaba a asfalto mojado, callejones nocturnos y conversaciones peligrosas.
La investigación alrededor del caso apuntó hacia William Arnold Newton, actor homosexual de cintas porno conocido como Billy London, asesinado en Hollywood en octubre de 1990. Sus restos aparecieron cerca de Santa Monica Boulevard, muy cerca de Studio 56, donde la cuadrilla capitaneada por Axl Rose trabajaba.
Durante décadas el homicidio de London permaneció envuelto en misterio como uno de los casos más extraños de aquella ciudad.
“Double Talkin’ Jive” también cuenta otra historia: la de Izzy alejándose lentamente de Guns N’ Roses.
En medio del caos gigantesco que rodeaba a la banda, Stradlin seguía siendo el compositor más callejero. Slash encendía la pira de los solos monumentales y Axl construía himnos enormes que se acercaban más a Elton John que a los Sex Pistols. Izzy, desde su guarida, escribía canciones que parecían fugarse de un bar atestado de humo a las tres de la madrugada con tal de narrar los hechos cotidianos que se topaba.
“Cuando dejé las drogas, no pude evitar mirar alrededor y preguntarme: ‘¿Esto es todo lo que hay?’”, dijo el músico años después para explicar la época que atravesaba y que lo llevó a abandonar la expedición, aventuras y excesos de Guns.
Después de ese riff seco y nervioso, Slash se ocupó de abrir un portón hacia un pasaje flamenco larguísimo inspirado en Paco de Lucía y la guitarra española, una ocurrencia que en los conciertos de la respectiva gira podía extenderse casi diez minutos.
Así, el escalofriante asesinato de Billy London terminó transformado en un ritual hipnótico bajo luces de estadio y miles de devotos gritando desaforados frente al cantante del paliacate, el genio del sombrero y el guitarrista que pronto habría de desertar. Ese que convirtió la vida real de Hollywood en arte feroz, con todo y una cabeza, un brazo y un contenedor de basura.
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