
Montségur, 1244. La Inquisición quema vivos a los últimos doscientos cátaros en una enorme pira al pie del castillo. El lugar se llama desde entonces “el Prat dels Cramats”, en referencia a la pradera de los quemados.
Montségur, 1996. Un guitarrista que alguna vez se enfocó en el hard rock modifica sus predilecciones y filma en ese castillo el video de “Ameno”, un corte new age arropado en cantos gregorianos y letras ambiguas. Vende seis millones de copias.
Se trata del parisino Eric Lévi, quien en 1975 fundó Shakin’ Street y registró con esa banda de guitarras potentes un par de discos antes de extinguirse seis años después.
El francés terminó obsesionado con una secta del tiempo medieval que provenía de Oriente y que siguiendo las rutas comerciales del siglo XII había alcanzado el sur de Francia. Los llamaban cátaros, aunque ellos se llamaban a sí mismos los Hombres Buenos. La Iglesia Católica los declaró herejes y se empeñó en lograr su exterminio durante más de un siglo. Esa obsesión es el origen de Era, ruta corta para referirse a Enminential Rhythm of the Ancestors.
La prensa noventera comparaba esta criatura musical de Levi con proyectos europeos que desde años atrás enredaban cantos gregorianos con serpentinas electrónicas como Enigma, Gregorian y Deep Forest. Al galo no le importó.
La letra de “Ameno” fue escrita por el inglés Guy Protheroe a partir de palabras que suenan a latín pero que fueron inventadas sin un significado contundente, como explicó Lévi en 2022 a Channels Television de Nigeria: “La emoción proviene del sonido de la música y las melodías. Consideré que si usaba el inglés o algún otro idioma, eso habría de interferir en la emoción. Así que se trata únicamente de música hablándole al alma y al corazón. No hay en realidad un significado detrás de las palabras. De esta manera, todos pueden sentir lo que quieran sentir. Es una especie de interpretación libre de la música”.
Filólogos de aquí y de allá intentaron descifrarla con diccionarios de latín y esperanto. Todos llegaron a la conclusión a la cual Levi esperaba que llegaran: no dice nada, a pesar de que el mundo creyó que guardaba algo en sus cavernas. Millones de personas cantaron “Dori me, interimo adapare, dori me” sin traspasar muro alguno a partir de esos sonidos cocinados en un estudio de París.
El video oficial de “Ameno” se rodó en Montségur, el destino final de aquellos cátaros. Tres niños excursionistas visitan el lugar y una toca un monumento que parece transportarla a una vida pasada, a muy pocos metros de la estela que dice: “A los cátaros, a los mártires del puro amor cristiano”.
El álbum se convirtió en el material francés más exportado de su época. En su país de origen se adjudicó disco de diamante por despachar un millón de copias, además de llegar al número dos en Bélgica y al cinco en Francia y Suecia. Nada mal para una época en que las Spice Girls, Toni Braxton y The Prodigy acaparaban las listas europeas.
Una entrega coral recitada en un idioma inexistente, filmada en el cementerio de una secta medieval, logró tocar algo que el lenguaje real no pudo.
También conocidos como albigenses, los cátaros creían que el mundo físico era una trampa y que el espíritu estaba atrapado en una prisión material, razón por la cual debía liberarse. Lévi acogió esa idea, le puso electrónica encima y la filmó en el lugar donde quemaron a los últimos que la creyeron.
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