La historia detrás de las más grandes canciones

Noventa y siete palabras

Aquella inmensa canción nació acaso mucho antes de encontrar a su verdadero dueño. “When I Fall in Love”, creada en 1951 por el compositor Victor Young y el letrista Edward Heyman para la película One Minute to Zero, permaneció casi un lustro como un capullo sonoro hermoso, pero sin esa voz monumental que la habitara en definitiva, que partiera el alma por la mitad y enredara las décadas en torno a su figura.

La primera grabación fue de Jeri Southern en abril de 1952, pero fue Doris Day quien la hizo brillar ese mismo año. Cuatro años después apareció Nat King Cole, el crooner nacido en Montgomery, Alabama, y criado en Chicago, que cantaba como si cada palabra acabara de inventarse.

Cuando terminaba 1956, el año en que un efervescente y descarado Elvis Presley se brincó las rejas de la compostura con su “Heartbreak Hotel”, los ejecutivos de Capitol reunieron a Nat con Gordon Jenkins, el arreglista y arquitecto de cuerdas más fino y reputado de la costa oeste, el mismo que venía de trabajar con Sinatra.

Cole se presentaba como un paladín del jazz nocturno del trío y de los pequeños clubes donde el amor se confiesa entre humaredas, con un cigarro a medio morir en los dedos. Jenkins prescindió de metales y coros. Solo cuerdas. Las suficientes para sacar a flote emociones recónditas sin ahogar la voz.

El disco fue el primero de cuatro colaboraciones entre Cole y Jenkins. También fue el primer álbum de Capitol grabado en estéreo, aunque con una ironía técnica: los dos primeros cortes no pudieron registrarse en estéreo por un fallo en el equipo. Lo corrigieron justo a tiempo para grabar el tercer tema. “When I Fall in Love” sí quedó en estéreo.

Más que como un asunto de esperanza, Nat cantó como una ley natural que no se negocia ni queda a la deriva. La canción entera posee únicamente noventa y siete palabras. No tiene coro, tampoco puente. Noventa y siete palabras apiñadas en tres estrofas. Por eso aquella toma fue la primera y la única. Sin demasiados ajetreos ni gargantas forzadas, todo quedó firmado: el corte preciso y perfecto para iluminar Love is the Thing, el álbum que alcanzó la posición más alta de Billboard y de instaló ahí durante ocho semanas consecutivas. La placa donde también duerme “Stardust”, otro de sus clásicos colosales.

Nat grabó “When I Fall in Love” como esos que entienden que el calendario en realidad tacha los días vividos para subrayar lo que resta de goce. En enero de 1964, en una de sus últimas apariciones televisivas, Jack Benny lo presentó como “el mejor amigo que una canción haya tenido jamás”. El aludido interpretó “When I Fall in Love”.

Poco más de un año después, Cole murió de cáncer de pulmón, a los cuarenta y cinco años. Benny, el mismo que en 1937 le había puesto una corona de papel en la cabeza y lo había bautizado “King”, fue el último hombre del espectáculo en visitarle en su lecho de muerte.

En 1996, su hija Natalie grabó un dueto virtual con él, usando las vocales originales de aquella inolvidable sesión de diciembre, treinta años atrás.

“No derramé lágrimas de verdad hasta que el álbum terminó”, expuso Natalie. “Cuando empezamos el proyecto fue una manera de reconectar con mi padre. Pero cuando llegamos a la última canción tuve que despedirme de él otra vez”.

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