La historia detrás de las más grandes canciones

¿Y el maravilloso vaquero?

Where is my happy ending?”

El reclamo a manera de broma no requería más que una frase cuestionando. Una esposa harta de la rutina casera, malhumorada, aburrida, decepcionada y embarazada preguntaba qué había pasado con aquel cuento de hadas firmado el día de la gran boda y dónde había quedado aquel vaquero irresistible y arrebatador que siempre habría ser mágico, galante y de una mirada demoledora.

Paula Cole, una valiente feminista de ojos claros y humor negro que se dejaba caer un par de caireles sobre las mejillas, había esculpido el entramado lírico de “Where Have All the time Cowboys Gone?” bien tomada de la mano del sarcasmo.

El detonador fue XTC, el grupo inglés de pop lleno de ironías en sus versos. Cole pensó: “No escuchamos suficiente humor e ingenio en canciones pop de mujeres. Me gustaría hacer algo así”.

Lo que salió fue otra cosa: sampleó el beat de apertura de la reprise de “Sgt. Pepper’s” de The Beatles y eliminó deliberadamente el bajo para replicar el sonido que Prince había logrado en “When Doves Cry”. Una canción sobre “vaqueros” construida con los cimientos de Ringo Starr y Prince.

“Ese tema es muchas cosas entrelazadas: ingenio, ironía, humor, melancolía y un examen de roles de género. Son todas estas cosas juntas a través de la música de una forma pop americana quejumbrosa», explicó la cantautora de Massachusetts en una entrevista.

El problema fue que casi nadie la escuchó así. El matiz se perdió en muchos oyentes, que creyeron que se trataba simplemente de una mujer añorando a un atractivo macho que viniera a rescatarla. Entre ellos, Rush Limbaugh, que la ponía en su programa de radio convencido de que era el himno de las mujeres que anhelan al macho tradicional. Cole nunca lo desmintió en público. Para qué.

“En cierta forma, fue horroroso”, reconoció Cole. “Recuerdo que la revista Spin escribió que yo era ‘la Tammy Wynette de Lilith Fair’. Y era exactamente lo contrario: yo era una de las feministas más combativas de todo ese escenario.”

En los conciertos, cuando llegaba la estrofa más condescendiente —”Why don’t you stay the evening? Kick back and watch the TV, and I’ll fix a little something to eat. Oh, I know your back hurts from working on the tractor. How do you take your coffee, my sweet??”— Paula se tapaba el rostro con una máscara. Ella misma la describió en el Baltimore Sun: “Es una especie de máscara de muñequita dulce, con mejillas rosadas y trenzas rubias. Personifica a la mujer que intenta ser el cliché perfecto”.

Así pues, los hombres del público levantaban la cerveza en el momento equivocado. O en el momento exacto, según se mire.

En 1998 Cole ganó el Grammy a Mejor Artista Nueva y se convirtió en la primera mujer nominada a Productor del Año sin un coproductor masculino. Siete nominaciones ese año, tres de ellas por “Where Have All the time Cowboys Gone?”. Y aun así, el malentendido no cesó. “Pones una obra en el mundo y sabes lo que significa, pero luego la sueltas y es como presenciar un estudio antropológico. Aprendes mucho acerca de la gente”, dijo la ojiverde décadas después.

Veinte años después, Paula regrabó la canción y cambió una línea. Fue un guiño, una reivindicación tardía. La broma que siempre fue, dicha por fin sin máscara. La serie Dawson’s Creek la inmortalizó después con “I Don’t Want to Wait”. Pero esa es otra historia. Esta siempre fue más ácida. Y mejor.

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