
“Tu esposa acaba de morir”.
Palabras pegadas en una hoja amarilla de Western Union. Thomas Dorsey las leyó en el escenario de St. Louis en agosto de 1932, con el sudor del calor encima y el aplauso del público todavía en los oídos. No quería haber ido. Nettie estaba en el último mes de embarazo y él era el solista estrella de una gran reunión de avivamiento. Mucha gente lo esperaba. Subió al tren de todas formas.
Al regresar a Chicago supo que Nettie había dado a luz a un varón antes de morir y que el bebé falleció poco después. Dorsey decidió sepultar a su esposa y a su hijo recién nacido en el mismo ataúd.
En ese entonces, nadie lo hubiera llamado hombre de Dios. Era Georgia Tom, uno de sus seis nombres. Barrelhouse Tommy en los burdeles de la calle Decatur en Atlanta, donde tocaba desde los doce años. Memphis Jim, Railroad Bill, Smokehouse Charley, Texas Tommy en los speakeasies de Chicago. Nombres diferentes para un solo sujeto que no quería que nadie lo conociera ni lo reconociera.
Con el guitarrista Tampa Red compuso “It’s Tight Like That” en 1928, una traza de doble sentido sexual tan exitosa y tan obscena que cuando se volvió famosa —siete millones de copias— Dorsey intentó desconocer su autoría. Era el mismo hombre que intentaba llevar el blues a las iglesias y que los pastores rechazaban por ser demasiado carnal, mundano y callejero.
Terminado el funeral, un amigo lo llevó a una escuela de música cercana y lo sentó frente a un piano. Dorsey no quería tocar. Había perdido por completo la fe y no quería saber nada de Dios. Sin embargo, sus dedos empezaron a moverse y un par de lágrimas acompañaron el momento. Las palabras llegaron solas, como dictadas: “Señor precioso, toma mi mano, guíame, ayúdame a mantenerme. Estoy cansado, estoy débil, estoy agotado.”
En la profundidad de su desolación, sin fe, esposa ni bebé, nació “Take my Hand, Precious Lord”, el himno gospel más cantado de la historia. Lo compuso en 1932 y lo publicó seis años después.
Lo grabaron Elvis Presley, Mahalia Jackson, Aretha Franklin, Johnny Cash y B.B. King. Además, Martin Luther King Jr. lo convirtió en el estandarte de su movimiento, solicitándole a Mahalia Jackson que lo cantara en cada acto.
La noche del 3 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, sonó en el Mason Temple ante una multitud que ignoraba que se trataba de la última vez que oiría a King. Al día siguiente, asomado al balcón del Motel Lorraine, King le dijo al saxofonista Ben Branch: “Esta noche toca mi canción favorita. Tócala bonito”. Minutos después, retumbó el disparo.
Branch jamás tocó “Take my Hand, Precious Lord” para King. La cantó Mahalia Jackson en el funeral. Cuatro años después Aretha Franklin la cantó en el funeral de Mahalia Jackson.
Thomas Dorsey murió el 23 de enero de 1993 en Chicago. Fue el primer negro inducto al Nashville Songwriters Hall of Fame — el salón de la fama del country, el género más blanco de Estados Unidos. El chico que tocaba en los burdeles de Atlanta a los doce años terminó ahí.
El creciente Alzheimer lo había evaporado todo. Murió con los auriculares puestos, escuchando música de otros tiempos, algo que su mente le hizo sentir que era nuevo.
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