
Hay una canción de rock que inicia con los ruidos de una cinta porno de 1977.
Todo empezó en Eureka, California. En 1985, cinco adolescentes formaron una banda en el extremo norte del estado, donde los árboles son más altos que los edificios y no ocurre nada.
Mike Patton era un carismático polluelo de quince años. Componían en dormitorios, ensayaban después de clases y salían a vandalizar los muros de la ciudad cuando terminaban. Trevor Dunn recordó con oscura e incomprensible ironía los manjares juveniles de entonces: “Todo lo que pensábamos en esos días era música, sexo, comida, circo, perros y autoasfixia. Se trataba de una mirada a Eureka a través de los ojos de chicos que tenían que salir de ahí”.
La cuadrilla era Mr. Bungle, nombre destilado de un cortometraje educativo donde un títere enseñaba a los niños cómo no comportarse en el comedor escolar. Juguetón de nombre. Animal de fondo.
En 1989 Patton fue contratado como nuevo vocalista de Faith No More y el bajista Bill Gould le entregó una copia de un video pornográfico llamado Sharon’s Sex Party, donde aparecía un personaje con un nombre que Patton reconoció al instante: Mr. Bungle. Cuatro años usando ese nombre sin saber que existía un actor porno que lo compartía. Gould lo había descubierto y se lo pasó como quien pasa un chiste. Patton lo conservó.
Ese mismo junio Mr.Bungle entró al estudio Dancing Dog. Tres días. Seis canciones. El cassette se llamaría OU818 como una parodia del álbum OU812 de Van Halen. El guitarrista Trey Spruance explicó el estado de ánimo de los presentes en un fanzine: “Estábamos de muy buen humor, pero en una especie de frustración sexual. Cuando nos encontramos juntos nos reconfortamos mutuamente. La banda era quizás solo una forma de hacernos un poco más felices ante nuestras situaciones”.
El impulso era crudo y sin disculpas. Patton escribió las letras del tema “The Girls of Porn” encima de los riffs de Spruance. “Es una avalancha general de porquería. Algo espontáneo”, dijo éste.
La canción habla sin filtros: un hombre a solas con su revista Hustler. Se le cansa la mano, su pene duele y las chicas desnudas piden más. Patton abre el track imitando a un anunciante de televisión: “Okay, all you pus-sucking motherfuckers out there! It’s time to win a chance to butt-bang your daughter’s tight virgin cherry ass — to caller number 666…”
Después viene el funk y el metal, además de una brisa rapera donde el cantante, jocoso e iracundo, deletrea categorías pornográficas donde va aumentando la depravación. La pieza salta entre géneros sin avisar, James Brown, Prince, metal pesado, caos, y remata con una cita de RoboCop: “I’d buy that for a dollar!”
Sobre su familia escuchando todo, el histriónico Mike lo acotó sin el mínimo drama: “Mis padres son del tipo de personas que consumen pornografía”.
Para complacer a Patton, Warner Bros. decidió fichar en 1991 a los desfachatados Mr. Bungle y bajo su manto les dio carta blanca. El resultado fue uno de los discos más extraños en la historia de un sello mayor. Warner lo promovió como “Un proyecto nuevo seriamente extraño” y distribuyó en algunas tiendas un frasco de baño de burbujas de Mr. Bungle como obsequio con cada copia despachada. El sample de Raw Footage, la película XXX de 1977 dirigida por Roberta Findlay, quedó dentro sin que nadie pidiera permiso.
En 1987 Axl Rose ya había grabado los gemidos reales de Adriana Smith en el estudio durante la sesión de “Rocket Queen”, en el disco Appetite for Destruction.
La diferencia es que en el caso de Guns N’ Roses el mundo entero lo supo desde el primer día. En el de Mr. Bungle el sample lleva más de tres décadas dentro del disco, Warner Bros. aún tiene los derechos, y Roberta Findlay nunca cobró un dólar.
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