
En el campamento de Cypress Hill recibieron un beat en 1992. Se los ofreció DJ Muggs. Y lo rechazaron. Fue B-Real quien lo escuchó y decidió pasar de largo.
Aquel insumo cayó en manos de House of Pain y ese mismo año explotó en la radio. Fue transformado en “Jump Around”, un single planetario e infeccioso que haría brincotear a más de una generación.
El álbum Black Sunday estaba en proceso y las sesiones era un espagueti de opiniones y nulo progreso. “Estábamos dispersos, no sabíamos hacia dónde íbamos”, declaró Sen Dog. “Éramos muy jóvenes, había muchas preguntas en el aire sobre lo que intentábamos lograr”.
B-Real amaba a Pink Floyd, Sen se había criado escuchando las guitarras de Led Zeppelin y Muggs tejía beats inspirado en composiciones de James Brown, Sly & the Family Stone y los Youngbloods. Tres mundos distintos buscando un centro… sin éxito.
Entonces llegó el festival de Lollapalooza. Segundo escenario, lejos del main stage, panorama semi vacío. “Los chicos dijeron: ‘Esto apesta, vámonos de aquí’”. Desanimado, Sen Dog empezó a caminar buscando una cerveza. La gente lo paraba. ”¿A qué hora suben a tocar? ¡Tengo que verlos!” Una persona. Dos. Diez. Veinte. El inesperado interés de tal feligresía convenció a la banda de quedarse.
Media hora antes del show había unos pocos cientos de asistentes. Cuando Cypress Hill salió a tocar había cinco mil. “Empezamos a tocar y esos chicos enloquecieron. Gente escalando al escenario, gente saltando desde la torre de bocinas”.
Metaleros de cabellera oceánica, devotos del hip-hop, curiosos de ocasión, todos en el mismo torbellino. “Amo el caos”, rememoró Sen. “Esa experiencia en Lollapalooza nos hizo pensar seriamente en lo que queríamos y debíamos hacer”.
Entonces llegó esa noche. Muggs tomó la palabra y propuso un demo, el esqueleto de algo con una fiereza contenida, una joya construida en las callejuelas sonoras de tres géneros que no tenían por qué hablar entre sí. La aceptación abrió los mares. La canción fue llamada “Insane in the Brain” y llegó a las radiodifusoras en junio de 1993 como primera tajada de Black Sunday.
“Todos pensábamos que ‘I Ain’t Goin’ Out Like That’ iba a ser la canción grande del álbum”, confesó Sen. “Recuerdo que alguien del sello nos dijo que estábamos ahí para hacer las canciones y ellos para elegir las que nos harían vender miles de discos. Así que los escuchamos y hoy me alegra haberlo hecho así”.
El sencillo del trío alcanzó la cumbre del Rap Chart de Billboard y Black Sunday debutó en el primer sitio del Billboard 200, una hazaña que ninguna cuadrilla de rap había logrado antes. “Éramos número uno, después Whitney Houston, luego U2, y luego nosotros de nuevo. Fue entonces cuando de repente empecé a sentirme famoso”.
Cada vez que iniciaba “Insane in the Brain” en los conciertos de Cypress Hill se abría un nido circular de fanáticos muy cerca del escenario que no necesariamente vestían ni lucían de modo consistente. La comunión de las hordas, el encuentro de los opuestos, el maridaje de todos en un mundo casi siempre alérgico a mezclarse.
Las décadas han pasado. Y cuando han llegado a escuchar la pregunta de si se arrepienten de haber rechazado el embrión de “Jump Around”, Sen Dog ha contestado escuetamente con la serenidad de quien conoce el resultado: “Junto con House of Pain formábamos un movimiento vigoroso. Creo que tomamos la decisión correcta”.
El beat que los cipreses rechazaron hizo famosa a otra banda. El que no rechazaron, ese que empieza con el “Don’t you know I’m loco?”, los volvió inmortales. “Insane in the Brain” lleva casi cuarenta años dándoles la respuesta en cada concierto.
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