La historia detrás de las más grandes canciones

Música tétrica para un hamburguesero

Cathy Ann Magaziner tenía cuarenta y cinco años. Kimberly Lynn Spicer, veintitrés. Toni Lynn Ingrassia, veintiocho. Trabajadoras sexuales, adictas a la cocaína y a la heroína, mujeres que Baltimore había decidido no buscar exhaustivamente. Sus nombres no aparecieron en los titulares. Los de Randall Brewer y Randy Piker tampoco.

Desaparecieron súbitamente, sin hacer ruido ni dejar huella, en la ondulante niebla del río Patapsco.

El hombre que los mató se llamaba Joseph Roy Metheny, irónicamente apodado “Tiny”, montacarguista de casi doscientos kilos de peso en una vieja fábrica de pallets en el suroeste de Baltimore.

En 1994, Metheny regresó de un viaje en camión y encontró su casa vacía. Su novia drogadicta se había ido con su hijo de seis años. Salió a buscarla. Bajo el puente Hanover Street encontró a dos indigentes que dijeron no saber nada y unos segundos después los mató a hachazos. Un pescador que pudo haber visto algo también murió esa noche. Los cuerpos fueron al Patapsco, lastrados con piedras.

Tres años después, ya con Metheny en custodia, los buzos rastrearon las profundidades de esas aguas sin encontrar nada.

Lo que vino después desafía cualquier categoría. “Tiny” montó un puesto de hamburguesas bajo una humareda perpetua al borde de la carretera. La carne era una mezcla de cerdo, res y restos humanos que sus clientes aceptaron a partir de ignorar lo que comían. Cada vez que el despachador necesitaba reponer su stock especial, salía a buscar a otra trabajadora sexual o a un indigente vulnerable.

Semejante modo de operar continuó así hasta que una mujer lo detuvo. El 8 de diciembre de 1996, Rita Kemper entró al remolque de Metheny, quien la drogó, intentó violarla y la golpeó salvajemente. La joven pudo acercarse a la ventanilla, escapó descalza entre las calles heladas y corrió hasta dar con un par de policías. En la huida alcanzó a escuchar alaridos a sus espaldas: “¡Te voy a matar y a enterrar en el bosque junto a las otras chicas!”

Aquella amenaza condenó al hamburguesero. Un grupo de oficiales encontró bajo el tráiler el cuerpo de Spicer. Metheny confesó sin titubeo y condujo a la policía hasta la fosa donde había ocultado los restos decapitados de Magaziner, apenas identificada por registros dentales.

En 1998 fue sentenciado a muerte, habiendo admitido que matar le causaba placer. «Corté la carne y la puse en el congelador. Abrí un pequeño puesto de carne a cielo abierto. Comí auténticos sándwiches de roast beef y cerdo, eran muy buenos. El sabor del cuerpo humano era muy similar al del cerdo. Si se mezclan, nadie puede notar la diferencia”, afirmó en el juicio.

Tres años después, un tribunal anuló la pena capital por una rendija legal. Tras confesar al menos una decena de crímenes, Metheny murió en su celda el 5 de agosto de 2017, a los sesenta y dos años. El sistema que no protegió a sus víctimas tampoco pudo ejecutarlo. Su última frase fue: “La próxima vez que te topes con un puesto de pit beef que nunca habías visto, piensa en esta historia antes de dar la primera mordida”.

El 31 de octubre de 2020, un rapero underground de Baltimore llamado Ruthless Rob lanzó su disco Baltimore Butcher Mixtape. Eligió el día de Halloween para estrenar un material espeluznante integrado por trece cortes, el mismo número de víctimas que Metheny confesó, entre los que resalta el tema “Baltimore Butcher”, tema bisagra de la placa.

Durante treinta y dos minutos de distorsión, notas disonantes y letras sórdidas, el recorrido de pistas encumbra la angustia y no da respiro: “Fentanyl”, “Creature Feature”, “Nightmare Theater”, “Butcher Shop, “Sick Ass Psycho”. Un mapa del horror doméstico de una ciudad que empezó a cargar a sus muertos en completo silencio.

Rob se autoproclamó en la carátula “THE BALTIMORE BUTCHER”, apropiándose del apodo como acto de horrorcore puro: reclamar el monstruo callejero y convertir el espanto en arte de trinchera.

Es lo que hace la música cuando la justicia no alcanza. Cuando los ríos guardan secretos que los buzos nunca encontraron y los criminales mueren en sus celdas, alguien enciende un micrófono y pronuncia los nombres capturados en un expediente cuyas atrocidades aún son difíciles de digerir.

A su manera, con estridencia y rimas tétricas, pero alguien recuerda en voz alta a Cathy, a Kimberly, a Toni.

Opina en Radiolaria

Acerca de

Welcome to OnyxPulse, your premier source for all things Health Goth. Here, we blend the edges of technology, fashion, and fitness into a seamless narrative that both inspires and informs. Dive deep into the monochrome world of OnyxPulse, where cutting-edge meets street goth, and explore the pulse of a subculture defined by futurism and style.

Categorías

Buscar