La historia detrás de las más grandes canciones

Röyksopp y el anciano de aquel bosque

Hubo un tiempo en que Svein Berge y Torbjørn Brundtland fueron la mancuerna más enigmática de la electrónica europea: componían, producían y desaparecían.

Sus discos los cantaron otros — Robyn, Karin Dreijer, Lykke Li, Anneli Drecker, Erlend Øye, Susanne Sundfør — música que suena a invierno ártico con pulso downtempo, ambient, y synthpop, cálida y melancólica al mismo tiempo. Ambos permanecían en un low profile tan absoluto que parecía filosófico. “Siempre hemos querido que nuestra música sea la prioridad. Nosotros optamos por ser un plano secundario”, reveló Torbjørn. Poca modestia. Mucha convicción.

Se conocieron en Tromsø cuando tenían doce y trece años, en la ciudad noruega más cercana al Ártico, donde el invierno dura lo suficiente para volverse extraño. Buscaron un nombre y encontraron Röyksopp, la palabra noruega para el hongo bola de humo que al reventarse expulsa una nube. Siempre aclararon que pensaban menos en el hongo y más en el hongo atómico.

En septiembre de 2014 anunciaron que The Inevitable End sería su último álbum en formato tradicional. No era el fin propiamente del grupo, sino una despedida al ritual del disco. Y para abrirlo eligieron “Skulls”, una canción de avispas y miel, oscura por fuera y adictiva por dentro, con bajos que palpitan y sintetizadores que impactan el esternón. Y en el centro, una voz distorsionada por vocoder que decía: “We will make you scream our name forever, if you wanna ride with us tonight…

La voz era la de ellos.

Por primera vez en trece años, Svein y Torbjørn cantaron solos, sin invitados ni escudos. El vocoder los volvió irreconocibles, mitad humanos, mitad máquinas, pero eran ellos. La mancuerna que había pasado más de una década prestando su música a gargantas ajenas eligió, para la última apertura, cantar con la cara tapada. Nunca tan presentes. Nunca tan escondidos.

El video lo filmaron en blanco y negro en la casa de un hombre llamado Adolf, que entonces tenía ochenta y tres años y vivía solo en los bosques del norte de Noruega. El anciano aceptó y también salió en él. Con runas, stroboscopios y rituales en la oscuridad ártica, el clip se adjudicó el premio a Mejor Cinematografía en los Berlin Music Video Awards de 2015.

Röyksopp siguió haciendo música después — singles, colaboraciones, álbumes, pero nunca volvieron a grabar un LP. The Inevitable End cumplió su nombre al pie de la letra. Y “Skulls” fue la última vez que abrieron una puerta de ese tamaño con una composición, cantando ellos, irreconocibles, en el bosque de un anciano de ochenta y tres años que no sabía muy bien qué estaba pasando o que le estaban ofreciendo pero que igual dijo que sí.

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