
En la correa de su guitarra, Pete Shelley llevaba dos botones. Uno decía “I Like Boys”. El otro: “How dare you presume I’m heterosexual.” Estaba en Top of the Pops. Era 1978. Nadie lo notó.
Buzzcocks no parecían la típica banda de punk. Mientras los Sex Pistols llegaban borrachos a los programas de televisión y The Clash posaban con facha de guerrilleros urbanos, Shelley y los suyos lucían camisas de botones y el cabello peinado; cuatro chicos de Manchester que parecían oficinistas en un día libre. Todo lo demás era superfluo. Sus guitarras las compraban en Woolworths y solían llegar a los conciertos con los instrumentos metidos en bolsas de plástico.
Su mayor hit fue parido en Edimburgo en noviembre de 1977. El grupo había hecho una pausa y se encontraba en el salón de televisión del Blenheim Guest House, con pintas de cerveza, viendo de reojo el musical Guys and Dolls. Shelley rememoró años después que uno de los personajes, Adelaide, le decía al de Marlon Brando que esperara hasta enamorarse de alguien de quien no debería. Y Pete pensó que enamorarse de alguien de quien no debería uno era una estupenda idea. Al día siguiente la furgoneta se detuvo frente a la oficina de correos en Waterloo Place y Shelley escribió la letra ahí, esperando mientras el conductor enviaba un paquete. Tenía a cierta persona en mente, pero — dijo al Guardian en 2006 — lo guardaría para sus memorias.
Su mayor hit fue parido en noviembre de 1977: “Una noche en Edimburgo estábamos en el salón de televisión de una pensión viendo el musical Guys and Dolls con pintas de cerveza. Uno de los personajes, Adelaide (Vivian Blaine), le está diciendo al personaje de Marlon Brando: «’Wait till you fall in love with someone you shouldn’t have…’ Y yo pensé… ‘Fallen in love with someone you shouldn’t have?’ Mmm. ¡Suena bien!”
El destinatario era Francis Cookson, con quien Shelley vivió siete años. “Se fue y se casó en Suiza”, reveló el músico en un documental de Radio 2.
La lírica de “Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve)” no tiene pronombres que lleve la dirección hacia una mujer o un hombre. Cualquiera puede proyectarse. Eso no fue un accidente, según Pete: “Intenté ser lo más neutral posible en cuanto al género, porque para mí podía usar la misma canción para cualquier sexo”.
Guys and Dolls — trajes de gánsters, dados cargados, Broadway, 1955 — fue lo último que alguien podría asociar con el punk. La canción que Billie Joe Armstrong, mandamás de Green Day, describió años después como la que inventó “un estilo que influiría en múltiples generaciones de corazones solitarios” nació de una frase que Vivian Blaine le dice a Marlon Brando en una televisión de pensión escocesa.
“Ever Fallen in Love” jamás se acercó al número uno del Reino Unido, pero en 2006, cuando Shelley grabó una versión nueva con Roger Daltrey, David Gilmour, Elton John y Robert Plant para honrar al DJ John Peel, quedó claro que era una de esas canciones que el mundo entero se había encargado de desplumar sin saber de dónde venía. Kurt Cobain era uno de sus más grandes adoradores. No por nada invitó a los Buzzcocks a acompañar a Nirvana en su gira europea en febrero de 1994. Steve Diggle, guitarrista de Buzzcocks, recordó haber visto en París a Cobain desde el camerino disparando una ametralladora de plástico sobre el público, todo a manera de broma pesada. Pocas semanas después, Kurt se pegó un tiro.
Shelley murió en diciembre de 2018, en Tallin, Estonia, donde vivía con su esposa. En los tributos que siguieron a su partida, alguien recordó los botones en la correa. La mayoría de la gente que lo vio en Top of the Pops en 1978 nunca los había leído.
Opina en Radiolaria