Cuando quieras, donde quieras…

De inicio… hubo dos rotundas negativas. John Travolta se rehusó a fungir como el sexy protagonista de American Gigolo y Stevie Nicks se dijo impedida por asuntos contractuales a ponerle voz a «Call Me», el tema insignia de la película compuesto por el productor italiano Giorgio Moroder. Así que Richard Gere y Debbie Harry entraron al quite. Al actor le dijeron: «Tienes como máximo hasta mañana en la noche para aceptar la oferta». Y a la rubia de Blondie le mostraron una versión en crudo del filme para convencerla de decorar con su voz la escena de apertura.

Del sí» de ambos se desprendió el primer bombazo fílmico-musical de la década. Oficialmente, el sencillo de Blondie fue lanzado el 29 de enero de 1980 y la película dirigida por Paul Schrader, con Gere haciéndola de escort de señoras pudientes e insatisfechas en Los Angeles, estrenó en las salas de cine setenta y dos horas después. Legiones de estadounidenses se rindieron a la fórmula. La canción fue número uno en el chart y el filme facturó más de cincuenta millones de dólares en taquilla.

Cada uno en lo suyo, Richard y Debbie resultaron unos caramelos para el mainstream de la nueva década. Él era un esbelto galanazo de treinta años con caminado coqueto y dos que tres canas anticipando su método para enganchar miradas en Hollywood, y ella, con treinta y cinco inviernos bien repartidos como camarera, bailarina, secretaria y admiradora total de Andy Warhol, era la naciente sirena que embelesaba a los caballeros rugiendo punk cochambroso, bailando disco o canturreando pop. Y la big picture resultó redonda: Giorgio Armani vestía al gigoló para hacerlo irresistible en la historia, las señoras le pagaban el encuere con la dolariza de los esposos que ni enterados, Giorgio Moroder musicalizaba sus acostones, y la voz de Harry, deslumbrante y seductora, enfatizaba que en las complacencias del casanova no importaba la hora, el lugar ni la forma («Call me (call me) on the line, call me, call me any, anytime, call me (call me) I’ll arrive, you can call me any day or night…«)

En Face It, su libro de confesiones y laberintos personales, Debbie escribió: “Después de ver la versión preliminar de la película, caminaba por la calle 59, al final de Central Park, y las imágenes estaban frescas en mi mente. Escribí la letra muy rápido. Los colores tuvieron un efecto muy fuerte en mí, y esa es la primera línea de la canción (‘Colour me your colour baby, colour me your car’). Más tarde, supe por Giorgio que la película también fue la gran oportunidad del diseñador Armani. Hoy todos recuerdan esa paleta de colores, esos hermosos grises, azules y marrones”.

Nacida para ser icono pop, para que su cara se imprimiera en millones de playeras y para confundir a más de uno que no ignora si Blondie es un grupo o un pseudónimo ad hoc con su cabellera, Harry interpretó “Call Me” a todo galope sin perder un trozo de cachondez.

“Todo en la vida lleva un poco de sexo, pero hay mil formas de vender sexo. Yo aún me siento sexy al subir al escenario”, dijo a El País en 2015 la rubia, una mujer tan distinta que alguna vez declaró que le había dolido más el hurto de sus guitarras que ser violada por uno de los ladrones. Todo, en una misma noche de pesadilla.

Bajo los mantos sonoros de Moroder, Debbie musicalizó las insinuaciones del prostituto encarnado por Gere y las elevó más allá de la atmósfera. Y lo mejor de todo: hizo que miles de asistentes a los shows de la banda neoyorquina, aún siendo masas, se sintieran encerrados en un cuarto a deshoras con ese escort carente de límites y fronteras, presto y dispuesto a colorear soledades, pervertir ángeles y prender fuego a la carne: “Anytime, anyplace, anywhere… any waaaaay…

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