Taylor Hawkins y ‘My Hero’

Entre la guitarra azulada empuñada por el barbón y la batería tono marrón a cargo del chico de dieciséis años está el bombo principal en color blanco con un ave negra en el centro, con alas extendidas. Y frente a ambos, una multitud incalculable de fanáticos, en su mayoría británicos, pasando su primer sábado de septiembre en Wembley, recordando a Taylor Hawkins, fallecido seis meses atrás.

Dave Grohl le marca el ritmo al bataco y éste aporrea con fuerza, jalando aire y dándole frentazos al viento londinense, imagen que rasca en el alma y cala en las vértebras. Son los primeros instantes de “My Hero” y ya es el punto cúspide de la velada en memoria del rubio de la sonrisa continental, con Shane Hawkins, el hijo de Taylor, ocupando el asiento de papá. Trae una playera negra desfajada (la típica para ir por un par de frituras a la tienda de la esquina), un colguije al cuello y unas mejillas tan adolescentes que se enrojecen cuando no va ni media canción.

Bendita inmadurez. Sus cabellos abultados van ad hoc con esa justa etapa de la vida en la que la frente no se ve, las cejas son suaves, las desveladas no heredan fatiga, el pasado no deviene en conversaciones mafufas y el futuro no cosquillea cerca de las costillas. Esencialmente, todo se reduce a lo que está sucediendo en las siguientes tres horas. Y como ello, “My Hero” está mutando en tiempo real y llenándose en Wembley de un significado muy distinto al que tuvo veinticinco años atrás, en otro continente, donde Grohl la escribió a solas, cuando todos creyeron que los versos se los dedicaba a Kurt Cobain. Cuando se antojaba fácil ponerle la palabra “Nirvana” a una gran banderola.

La canción, una de las gemas de los Foo Fighters, fue concebida para los héroes que jamás aparecerán en los noticiarios o en los cómics, los que se zampan un hot-dog y hablan mientras lo mastican a un metro de distancia. Héroes sin más superpoderes que su cercanía en martes y su candor en domingo. Héroes de proezas hormiga. Muchas chiquitas.

“Los héroes son una cosa muy curiosa. Cuando era joven, tenía posters de Kiss, escuchaba a Rush y pensaba que The Beatles eran unos magos. Pero los verdaderos héroes en mi vida eran personas demasiado cercanas a mí”, declaró Grohl en 1996.

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