Gaye y las tiras porno

Los duchos en turismo recomiendan dos sitios para degustar una cena excepcional en Ostende, una pequeña localidad pesquera de Bélgica. El primero es el Belle de Jour, un bistró relajado con mesas de mármol, una extensa baraja de cervezas locales y precios accesibles. El otro es el Agua del Mar, cuyo personal alardea el risotto con vieiras, el pato en salsa de maní y la langosta con espárragos.

Muchos acuden a esa ciudad de la provincia de Flandes por este combo de delicias, otros porque por ahí está ubicado el Kursaal, un casino en cuyo lobby duerme una estatua dorada día y noche, un hombre congelado en el tiempo, sentado al piano, con gesto relajado, barba a ras y un saco de solapa grande.

En poco más de dieciocho meses ahí, Marvin Gaye hizo lo suficiente para ser cincelado y garantizarse una estadía perpetua en la apacible Ostende, adonde arribó vía ferry en 1981, sentimentalmente marchito, dos veces divorciado, esclavizado a las drogas y al alcohol, hastiado de las diferencias con su antigua casa, la pomposa Motown, y cargando deudas que se contaban por millones. El fisco en Estados Unidos quería embargarle hasta el cierre del pantalón. Llegó a Bélgica, además, falto de momento, de éxitos y de una barba decentemente cortada. Monumental en otros tiempos, su carrera se había desplomado.

A consejo del promotor belga Freddy Cousaert, el descompuesto Gaye encalló en este pueblo para guarecerse de las tormentas, bajar los decibeles, alegrarse el alma con mejillones, correr junto al paseo marítimo y lanzar disparos de baloncesto a un aro belga. Escribir una canción no ocupaba sus prioridades. Componer su mayor hit, mucho menos. Pero en la costa, como en la vida, de pronto rompe el atardecer, pica un pez gordo, salvaje y pesado, y hay que tirar. A miles de kilómetros de la agobiante y ruidosa América, Marvin tiró.

Como un ente que anhela resucitar sin saber cómo lograrlo, el músico llamó a David Ritz, periodista, novelista y biógrafo de Ray Charles y Aretha Franklin, y lo invitó a su nuevo hogar, un apartamento desde donde se veían los azules ondulantes del Mar del Norte.

«Fui a visitarlo en Ostende y en su mesita para café vi un volumen porno en el que las mujeres eran violadas de modos muy desagradables. Le dije… ‘Marvin, esto es enfermizo. ¿Qué estás haciendo? Necesitas una cura sexual», contó Ritz. «Mientras hablábamos, sonaba un track de fondo con ritmos de reggae que Marvin buscaba completar con letras, con algún tipo de historia que empatara con la pista. Así que cuando le dije que necesitaba sanar sexualmente, él respondió… ‘Me encanta la idea'».

Habilidoso de la narrativa, Ritz desenrolló una remembranza proteínica y colorida de este encuentro como momento clave en la confección de “Sexual Healing”, tema por el qué peleó legalmente la inclusión de su apellido en los créditos. Para Gaye, la cosa no pasaba de una peripecia que derivó en un hit inesperado. “Soy un gran creyente en Dios y creo que mi música lo hace palpable, pero quizá se habla más de lo debido de mi sensualidad y sexualidad. Hay algo de cierto en lo que se dice sobre la canción, pero no todo es verdad. A veces me enoja tener que hacer cosas para obtener estatus y así lograr que la gente me escuche. Si tengo que valerme del sexo para que de ahí podamos hablar de cuestiones sociales, entonces usaré el sexo”, defendió.

Como pico de lanza del álbum Midnight Love, “Sexual Healing” fue aplaudida por doquier, escaló al tercer puesto del Billboard Hot 100 y dio a Marvin sus primeros y únicos dos Grammy en veintisiete años.

“Amo a todos. Muchas gracias a Dios y a todos ustedes. Quédense con nosotros, les daremos mucho más”, dijo emocionado al ser premiado en la ceremonia de 1983.

Catorce meses después, Marvin fue abatido por su propio padre en Los Angeles. Dos disparos a corta distancia, uno fatal, cortaron trágicamente una discusión casera, un tour, una vida y la añoranza de un hombre de volver algún día a Ostende para comer mejillones, correr junto al paseo marítimo y hojearse unas cuantas tiras porno.

And honey I know you’ll be there to relieve me, the love you give to me will free me…”

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