Una pálida sombra entre amigos

A Gary Brooker siempre le jorobó que algunos se colgaran del éxito de «A Whiter Shade of Pale», la esmeralda más brillante de Procol Harum. Y esos «algunos» abarcaban a las emisoras oficialmente aceptadas en Reino Unido y a los corsarios de los mares musicales que carecían de licencias estatales y que pulularon en la isla durante la década de los 60.

«Los piratas radiofónicos suelen adjudicarse los honores en este tema. Cuando ‘A Whiter Shade Of Pale’ fue mezclada, los metales sonaban un poco estridentes, así que nosotros quisimos probar cómo se escuchaban en la radio y nos pusimos en contacto con el barco pirata, Radio London. Sonaba bien», reconoció en enero de 1995 Brooker a la revista Record Collector. «Luego, cuando terminamos el disco, el DJ dijo algo como ‘Bueno, eso me pareció un gran éxito, ¡fue genial!’ En su segunda semana tras el lanzamiento llegó al número uno por mera demanda popular. Fue justamente antes de que (BBC) Radio 1 iniciara operaciones (el 30 de septiembre de 1967).»

Y fue también justo antes del inicio del “verano del amor”, remolino hippie en el que el rock and roll era el bronce porque el sexo y las drogas eran oro y plata. Y así, las líneas de apertura cantadas por Brooker volaban lindas y sin amarras entre flores, afectos multiplicados y senos al aire. “We skipped the light fandango, turned cartwheels ‘cross the floors…”, susurraba a tono con las notas abrasadoras del Hammond de Matthew Fisher, un órgano inspirado en Johann Sebastian Bach y capaz de poner en trance al planeta entero tras los primeros veintiocho segundos.

“Si sigues el patrón cordal, emula uno o dos compases de ‘Air On a String G’ de Bach, precisamente antes de tomar otro rumbo. Esa fue la chispa que se necesitó. No mezclaba conscientemente el rock con la música clásica, solo la música de Bach habitaba en mí”, confesó Gary en 2014 a Uncut, revista con la que también se entrevistó el otro integrante de Procol Harum que metió mano en las letras, Keith Reid: “Trataba de conjurar un estado de ánimo y a la vez de contar una historia sencilla sobre una chica que abandona a su chico.”

Antes que recitar sus versos, casi todos los adoradores de “A Whiter Shade of Pale” se sienten tentados a imitar el sonido del órgano, instrumento de tal peso y relevancia en la composición que acabó poniendo en jaque la amistad entre los miembros del grupo y abriendo una larga disputa legal. Al final, el organista ganó y pudo gozar del cuarenta por ciento de los derechos.

El triunfo fue doblemente placentero para Fisher y triplemente amargo para Brooker, ya que antes de que el juez diera a conocer el veredicto, ambos supieron de un estudio la Phonographic Performance Ltd., en el cual se concluyó que el mentado single de la pálida sombra había sido el más rotado en radiodifusoras, clubes, tiendas y otros lugares de Reino Unido en los últimos setenta años.

Derrotar a la rapsodia bohemia de Queen, a la reina bailadora de ABBA y al mundo imaginario de John Lennon duplicó en sus respectivos abogados la ambición de ganar el caso. Batalla cruenta, millones en juego, amistad sepultada. Y sobre todas las cosas… la gran ironía: el 13 de mayo de 1968 el bigotón Gary Brooker salió de la iglesia de San David, en Southend, vitoreado, enamorado y sosteniendo la mano de la joven Francoise Riedo. Y mientras los nuevos esposos se despedían de los asistentes a la ceremonia, las notas de “A Whiter Shade of Pale” salieron del pequeño órgano ubicado al interior de una cripta estilo gótico, en lo más alto del templo. Con dedos mágicos sobre las teclas y sin imaginar un futuro turbulento, Matthew Fisher celebraba la inflamada felicidad de su amigo.

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