Que grite la tierra

Sepultura-at-the-time-of-Roots-1996-Clockwise-from-top-Andreas-Paolo-Max-Igor.pngEstá en las sagradas escrituras del metal. En la primera semana de noviembre de 1995 los integrantes de la banda Sepultura fueron rodeados por casi setenta nativos de la tribu xavante en la aldea Pimentel Barbosa del estado brasileño de Mato Grosso. Quedaron inmóviles, paraditos y silenciosos, una estampa impropia de cuatro metaleros que nacieron para pegar de gritos y morir desnucados vía headbanging.

Expectantes, los hermanos Max e Igor Cavalera, el guitarrista Andreas Kisser y el bajista Paulo Jr. vieron a los nativos danzar y cantar su alrededor. Al siguiente día la cosa se relajó cuando recibieron presentes hechos con bambú y se dejaron pintar la piel de rojo, negro y blanco. Finalmente, la tercera jornada fue la del intercambio: los aborígenes pidieron a los músicos “pagar” la visita mostrando su sonido. Con dos guitarras acústicas y dos bombos los sepultureros armaron un unplugged rupestre e interpretaron “Kaiowas”, pieza tribal de su disco de 1993, Chaos A.D.

¿A qué se debió esta inusitada expedición a la cuna de los indígenas? A la impresión que en Max dejó At Play in the Fields of the Lord, filme dirigido por Héctor Babenco que expone la visita de dos exploradores a la alfombra amazónica. Tal comezón hizo que el entonces mandamás de Sepultura decidiera torcer la producción tradicional y arriesgarlo todo, sumergiendo sus nuevas maquetas en los pantanos inhóspitos del Brasil selvático y agitando la tierra hasta que ésta, literalmente, gritara.

I say we’re growing everyday, getting stronger in every way, I’ll take you to a place where we shall find our roots…“, bramaba Cavalera con sus greñas color zanahoria en “Roots Bloody Roots”, tema de apertura del álbum Roots que claramente expone esos latigazos de cuero. “Hay algo en esa canción que te estruja. Fui grabado tan solo con mi guitarra y una caja de ritmos antes de comenzar el disco, cuando el concepto era todavía algo muy personal”, evocó el frontman en 2016 a la revista Metal Hammer. “Respeto el modo en que (los indios) se retratan a sí mismos y la forma de amar su cultura, además del hecho de que no renunciarán a sus raíces por nada. Es un sueño para Sepultura hacer algo atado a los orígenes de Brasil”, dijo en otra ocasión el melenudo a MTV.

Atosigante precedente del nu metal, “Roots Bloody Roots” es la perfecta aleación de las pulsaciones tribales y la furia de cuatro capos de Belo Horizonte en su cenit creativo. La canción persiste como el mejor testimonial de ese viaje que acabó siendo más profundo que largo.

La culminación, antes de que los músicos tomaran el avión que los alejó de la tierra, del humo y de las anacondas, no pudo ser mejor. “Quería capturar las vibraciones del terreno en la grabación. Todo el lugar parece una sesión de fotos de Black Sabbath con un gran bosque detrás, así que dije… ‘¡A la mierda, enterremos las cintas!’ Y las hundimos en el fango por veinticuatro horas”, narró Max. “Cuando Andy Wallace (ingeniero de Roots) recibió las cintas para hacer la mezcla final, había suciedad y mierda por todas partes. Gracias a esto suenan realmente crudas y jodidas.”

Fue la primera vez en la historia en que un disco de metal fue enterrado vivo.

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