Parapléjico en movimiento

john-parr_oslo.jpg“La lección aprendida al componer esta canción es que en ciertas ocasiones una fecha límite puede ser tu gran aliada. David Foster (productor musical) y yo estábamos trabajando en la banda sonora de la película, y nos dejaron sólo un día para escribir y uno para grabar. David no estaba de humor para escribir, pero lo convencí y en una hora hicimos tres canciones”.

Una de esas composiciones a la que se refirió el británico John Parr, cuando conversó con la revista Guitar World en 2012, es “St. Elmo’s Fire (Man in Motion)”, tema medular de la película del mismo nombre que se encarnó en cientos de miles de adolescentes en 1985, época en que pululaban los artistas de prestigio contratados por el gremio cinematográfico para alimentar sus soundtracks. Pero curiosamente las letras de este clásico de Parr, escritas a contrarreloj, no se basaban en el argumento del filme estelarizado por Emilio Estevez, Demi Moore y Rob Lowe, sino en la tragedia de un joven canadiense que quedó parapléjico a los 15 años por un accidente automovilístico. Joven que, motivado por la súbita pérdida de la normalidad, decidió dar la vuelta al mundo en silla de ruedas y recolectar dinero para la investigación de lesiones de la médula espinal.

“Recuerdo que habíamos compuesto la canción y la melodía, pero no teníamos letra. Entonces David Foster me enseñó un video de Rick Hansen cuando éste iniciaba su ‘Man in Motion Tour. No tenía dinero ni renombre, y le dije a David que debíamos apoyarlo. Su caso me inspiró y el resto es historia”, dijo Parr a la revista.

Y sí, vaya que se escribió historia. Sin tanta pimienta en la producción, “St. Elmo’s Fire (Man in Motion)” se fue directo a la cima del Billboard Hot 100 y, con ello, quedó atrás el máximo logro que hasta entonces presumía John, un lugar 23 en el listado estadounidense un año antes con “Naughty Naughty”. Además, la canción trituró automáticamente la intención de Atlantic Records de convertir al cantautor en un tipo más sexual tanto en imagen como en sus creaciones. Ante el mundo, esta joya sería más que recordada por ir en total consonancia con la causa de Hansen, quien en mayo de 1987, habiendo recorrido 40,000 kilómetros y 34 países, concluyó su peregrinaje. La recaudación superó los 25 millones de dólares.

“En mi corazón siempre está Rick, ese hombre en movimiento, andando en su silla de ruedas durante dos años, bajo la lluvia, en los desiertos, en las montañas”, confesó Parr en una entrevista con Classic Rock.

En 2014 el músico aparcó, guitarra acústica en mano, frente a miles de londinenses en el Royal Albert Hall para dar vuelo a una versión semilenta, más magra y orgánica de “St. Elmo’s Fire (Man in Motion)”. No lo rodeó ninguna banda. Una luz amarillenta le rebotaba en el rostro, permitiendo observar a detalle que cada verso lo cantaba con ojos cerrados. Detrás suyo, una pantalla mostró un manantial de imágenes de la travesía de Hansen. Al terminar y recibir una tromba de aplausos, el inglés dijo: “Gracias, que Dios los bendiga, ha sido un sueño estar aquí.” Seguramente agradeció a partes iguales. Una por él y otra por el hombre que, tras el crujir de su espalda adolescente, unió voluntades y las transportó por décadas en un vehículo de dos ruedas.

Al más puro estilo de las películas ochenteras, la fantasía encontró acomodo en el mundo real.

I can see a new horizon underneath the blazing sky, I’ll be where the eagle’s flying higher and higher. Gonna be your man in motion, all I need is a pair of wheels…

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