¡Respeto!

aretha.pngEn una sola palabra… tanta voz, tanto significado, tanto oro.

Como pasó con más de una gema de Aretha Franklin, “Respect” fue parida por otros, en este caso el inmortal Otis Redding, pero ella la adoptó, le dio un vuelco, le insertó un duendecillo insumiso y la transformó por completo. Sólo le faltó cambiarle el título, así que sería insensato definirle como cover. Fue más que eso, muchísimo más.

Porque si en las letras de Redding (1965) se robustecía el andamiaje de la familia tradicional en el que el hombre trabaja todo el día y al llegar a casa, espera “respeto” de su mujer -abundaron entonces las interpretaciones donde el sexo era premio justo para el cazador/proveedor-, en la versión de Aretha se sembró un jardín de voces celestiales donde florecieron un espectacular himno feminista y una demanda musical de equidad y dignidad. Todo… desde la mirada de la mujer que aguarda en casa.

“Era una necesidad de la nación, del hombre promedio y la mujer de a pie, del hombre de negocios, la madre, el bombero, el maestro”, plasmó Franklin en su autobiografía con respecto a este sencillo de 1967 que hizo cumbre en el Billboard Hot 100 y se convirtió en un puñetazo comercial tras firmar contrato con Atlantic Records, además de darle sus primeros dos premios Grammy.

“Desde luego que (la canción) se volvió un mantra para el movimiento por los derechos civiles. El respeto es básico: todos lo quieren. Incluso los niños desean respeto (…) Es básico para la humanidad. Tal vez lo que la gente no pudo decir, la grabación lo expresó por ellos”, dijo en otro momento a Rolling Stone, publicación que en 2015 la consideró la quinta mejor canción de la historia.

La pieza se grabó en el San Valentín de 1967 y dicen los que ahí estuvieron que la sesión en Nueva York fue pura alegría. A la indómita Franklin de 24 años no la atribuló el declive de su matrimonio con Ted White y se apostó frente al micrófono escoltada por dos risueñas acompañantes, sus hermanas Carolyn y Erna. Lo que la sangre unía y la música inspiraba hizo que los coros terminaran siendo un enredo lírico. Porque añadieron el repetitivo y veloz “Sock it to me, sock it to me” que se explica igual como una petición de dar algo sin rodeos que como una trompicada invitación al sexo oral. Firme, Aretha salió al paso: “No había nada de sexual en ello.”

Algunos biógrafos ven en “Respect” el instante transformador y el despegue definitivo de la “Reina del Soul”, sin importar que Redding, insatisfecho en su momento por un matrimonio desazonado, creara la canción dos años antes.

Pero el mismísimo Otis llegó a reconocer, durante su electrizante participación en el Monterey Pop Festival, que su versión no era la que más se acercaba a los dioses: “La siguiente canción, amado público, me la arrebató una chica. Una buena amiga mía se la llevó. Pero, igual, la cantaremos.”

Aceptar su derrota con sonrisa frente a cientos de fans nublados por el LSD fue, tal vez, el último gran gesto de Redding, quien el 10 de diciembre de ese año murió cuando el avión bimotor en el que viajaba para ofrecer un show en Wisconsin se desplomó en las aguas congeladas del lago Monona.

El músico, cuyo cadáver aún amarrado al asiento fue rescatado al día siguiente del accidente, tenía presupuestado iniciar el concierto con la vibrante “Respect”. Aunque ya no fuera suya.

I’m about to give you all of my money, and all I’m askin’ in return, honey, is to give me my propers when you get home…

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