‘The Bitter End’ o los rayos X de un amor moribundo

kiss_by_silverfrog666.jpgYou shower me with lullabies as you’re walking away, reminds me that it’s killing time… on this fateful day

Cuando todo se derrumba, el corazón se hace añicos y el invierno hace presa de los enamorados… sólo queda recordar las noches de verano y los tiempos idos en que la felicidad unía almas. Pero eso no cambia el desenlace, amargo y doloroso, irremediable e irreversible. Hay un final para todo y ciertas relaciones se subtitulan con sangre.

Ahí se sostiene la premisa lírica de “The Bitter End”, puñetazo que soltó Placebo en 2003 y que, de último momento, fue incluido en el tracklist de la placa Sleeping With Ghosts. Feroz y directo, el sonido y contundencia del corte fueron tales que acabó siendo escogido como primer zarpazo comercial para promover el material en el que la agrupación sembró muchas esperanzas.

“Es acerca de parejas que están terminando y de la ira que los envuelve en esos momentos, del deseo que emana de tales heridas”, explicaba el ambiguo Brian Molko en marzo de 2004 a M6 Music.

“Dos personas abandonando una relación con el menor número de heridas posible”.

Usado en incontables ocasiones como cerrojazo de los recitales del trío formado en Londres en 1994, este huracanado sencillo fue compuesto en un tris, con el propósito de retomar las bases rockeras de la pandilla, entonces criticada por alejarse de la esencia que a finales de los años 90 la había hecho exquisita a muchos paladares.

“Habíamos invertido mucho tiempo en tecnología y en sintetizadores y deseábamos crear algo más vivo, más exuberante y punk. La idea surgió de un par de cuerdas de Stefan (Olsdal) y ¡bang!, dos días después estaba hecha”, dijo en otro momento Brian sobre esta radiografía del derrumbe amoroso.

De tal forma el carismático vocalista dio crédito a su larguirucho cómplice de la guitarra, con quien durante la adolescencia se encerró en una vieja habitación para embarrarse tanto como fuese posible de las distorsiones de Sonic Youth, salidas de un estéreo barato. En esos ayeres en que Molko era un bisexual que prefería vestir de mujer y Olsdal un homosexual que se mentía a sí mismo recibiendo sexo oral de damiselas sin nombre.

Pero de eso escribieron en otros tiempos, cuando el descarrío, la inexperiencia y el sexo con desconocidos les salían por los poros. Alguna vez el propio Brian se confirmó como total apologista de la perversión cuando confesó que una madre y su hija le propusieron un trío. Deprave sin filtros.

Pero “The Bitter End” lo reflejó un poco más maduro. También más explosivo, más congruente… y más infeliz.

3 comentarios en “‘The Bitter End’ o los rayos X de un amor moribundo

  1. Jmmm, ellos siempre me cayeron muy bien, en especial el guitarrista y siento que incluso era más su carisma que su música para mi pero la verdad fue buen grupo y creo que estaban en su mejor época. Como me gustaría ser tan andrógino como Molko jajaja aunque en eso estoy

    La canción es buena, hace ya unos años que no la oía. De las épocas e las que todavía quedaban muchos buenos grupos

    Tqmmmmm!!

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