El mundo de aquel risueño tartamudo

Scatman_John.jpgNo era cuestión de rapidez en la improvisación vocal, era tartamudez.

En 1995 un gran número de melómanos fue seducido por el hit “Scatman”que sonaba a ritmo de ametralladora con las sílabas “Ski-ba-bop-ba-da-ba-dop-bop“. Muchos intentaron imitar dicho trabalenguas a velocidades frenéticas… sin mucho éxito. Era lógico, sólo un tartamudo de nacimiento, como John Paul Larkin, tenía tal habilidad.

Después, en junio de aquel mismo año, el artista californiano del bigote y sombrero negro lanzó su segunda apuesta al mercado a través del corte “Scatman’s World”.

“Quisiera decirle a los niños que es posible tener una vida productiva, a pesar del tartamudeo. Es sólo porque ‘Scatman’ tartamudea que ‘Scatman’ es un suceso. En ‘Scatman’s World’ busqué hablar de algunas situaciones sociales para ofrecer un modo de hacerles frente y una forma de encontrar la paz interior”, declaró en su momento el músico que debió superar décadas de amargura por las mofas y burlas derivadas de su forma entrecortada de hablar.

“La época más dura fue mi infancia. En sexto grado tuve que ponerme de pie en el salón de clases a intenta recitar un evento de la época. Rompí en llanto y regresé a mi lugar. No pude expresar la primera palabra. Vivía en una familia musical, mi madre cantaba y mi hermano tenía un piano”.

John había intentado ocultar su tartamudez buscando fortuna primero en una esfera musical muy distinta a la que lo lanzaría a la fama. Una atmósfera en la que no tuviera que cantar una sola estrofa.

“Me escondí la mayor parte de mi vida, quizá hasta los 45 años, me metí en clubes de jazz a tocar piano y para 1992 empecé a presentarme en hoteles en Europa. Batallé por años como artista de jazz. Me sentía destruido espiritual y físicamente”.

Fue su representante quien le aconsejó abandonar la vergüenza y “explotar” su tartamudez de un modo muy particular. Así, se originó el scatt-jazz-pop-techno, una mezcla de ritmos sumados al scat que invadió el mercado a mediados de los 90.

El scat, variante en la cual los jazzistas improvisan a través de monosílabos onomatopéyicos, se volvió un fenómeno contagioso y el bigotón Scatman John, como se hizo llamar artísticamente Larkin, se topó con millones de dólares en ventas, producto de la conversión de un supuesto mal en un activo.

Los sencillos “Scatman (Ski Ba Bop Ba Dop Bop)” y “Scatman’s World” arrojaron miles de “aspirantes a tartamudos” en el planeta y el estadounidense permaneció en el top 10 de singles de Reino Unido durante varias semanas, además de adjudicarse 14 discos de oro, 18 de platino y el galardón Annie Glenn por su apoyo a la comunidad de tartamudos.

Aquel segundo sencillo, en específico, se ubicó en los primeros lugares de popularidad de 15 naciones, manteniendo a John frente a los reflectores y llevándolo a un sinfín de entrevistas en las cuales, según él mismo admitió, hacía un esfuerzo sobrehumano para hablar lo más fluido posible.

Cuatro años después de tocar el cielo, el bigotón cuyo rostro llegó a aparecer incluso en latas de refresco, falleció por un cáncer de pulmón.

Así como alguna vez había difuminado su tartamudez, ahora el músico optó por ocultar dicho padecimiento canceroso, además de hacer caso omiso a los consejos de los doctores de bajar su frenético ritmo de vida.

Tan frenético como el mismísimo ritmo de “Scatman’s World”.

But listen to me brother, you just keep on walkin’ ‘cause you and me and sister ain’t got nothin’ to hide…

2 comentarios en “El mundo de aquel risueño tartamudo

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