Sandy Cashmore entró en labor de parto en noviembre de 1972, mientras su esposo viajaba en avión.
Harry Chapin no pudo estar presente en el nacimiento de su hijo Josh. Se enteró del alumbramiento pocas horas después, habiendo aterrizado en Atlanta, lejos de la sala de partos donde su mujer enfrentó el hecho prematuramente.
Años más tarde, ese tiempo ausente tomaría forma de canción, una pieza que no tuvo rival en la lista de popularidad norteamericana.
El niño le pide a su padre que jueguen con la pelota. Este le contesta que esta vez no, que no tiene tiempo, que será después. El pequeño ataja la respuesta y dice que no hay problema, que lejos de cualquier reproche, algún día será como papá.
Alrededor de esto fue compuesta «Cat’s in the Cradle», una maravilla que Harry Chapin lanzó en 1974 y que hizo cumbre en el Billboard en diciembre de ese año, inspirada en un poema que había escrito su esposa Sandy acerca de los padres que siempre encuentran tiempo para todo, menos para convivir con sus pequeños.
“Se llama ‘Cat’s in the Cradle’ y es sobre mi hijo Josh, y honestamente la letra me hace entrar en pánico”, dijo Chapin durante un concierto en aquellos meses.
En la rauda vida de tour, incluso una libreta negra de contactos pareció multiplicar los mundos posibles de Harry. No fue ajeno a las crisis matrimoniales que Sandy documentó tiempo después ni a advertencias claras sobre los límites que debió poner al saber que su esposo, de cuando en cuando, se ausentaba sin explicación. La carretera avanzaba rápido; el hogar, no siempre.
Mientras avanza la canción, el padre relega a su vástago una y otra vez, ya sea por viajes, por las cuentas que hay que pagar o los negocios que hay que atender. La inercia de lo cotidiano que suele devorar incluso lo irrecuperable.
Al final de la melodía, y ya con el padre convertido en anciano, es ahora el hijo adulto quien no tiene tiempo de visitarlo. El espejo ha terminado por girar. Es él quien está atado a las mil ocupaciones, cumpliendo uno de esos caprichos del destino en los que, como bien dicen por ahí, de tales palos brotan tales astillas.
“Creo que la razón por la cual la gente acogió de tal manera esta canción es porque habla de la vida real y muchos han pasado por esta experiencia. Sigo recibiendo cartas de muchos papás que nos dicen que tratarán de ser mejores y de construir un verdadero hogar para sus hijos”, declararía eventualmente Sandy, ya convertida en viuda.
Harry, el músico que buscaba ser un mejor padre y exprimir al máximo los momentos en familia, murió en un accidente automovilístico en julio de 1981, a los treinta y ocho años. Se dirigía a dar un concierto en Nueva York.
Años después de su muerte, su hija Jennifer, hermana de Josh, tuvo una conversación con CBS acerca de la personalidad del cantante. Y ahí, como si la canción nunca hubiera dejado de escribirse, expresó lo suficiente: «La única vez que me pongo un poco nerviosa es cuando alguien me dice: ‘Oh, tu papá dio un concierto de tres horas y media, y luego firmó todos los libros de poesía, y besó a mi novia, y…’. Y yo respondo: ‘Eso es genial, pero ese fue un tiempo que no tuvimos con él’».
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