El 6 de octubre de 2010, Everett True, uno de los críticos de rock que yo más respeto, publicó en su página los 50 consejos para aspirantes a críticos musicales y, en particular, me llamó la atención la recomendación número 40: «Radiohead ya no hace buenos discos. Supéralo».
Esto lo traigo a colación justo en los días en que está por cumplirse un año del lanzamiento de The King Of Limbs, el último «corta duración» de la pandilla encabezada por Thom Yorke que, desde OK Computer, levanta tanta expectación con cada álbum como U2.
Y ya en frío, ya pasada la avalancha de críticas y alabanzas que coparon las redes sociales en el primer trimestre de 2011, yo le pregunto a los fans de médula dónde quedó colgado tal disco, del que alguna vez se escribió que poseía todas las virtudes y todos los defectos de la banda de Oxford. Es decir, la suma de todos los Radioheads en apenas ocho temas que condensaban en 37 minutos más caderazos electrónicos que guitarrazos a la «Creep». Pésima comparación, lo sé, pero aquel Radiohead también marcó época y, más importante aún, referenció adolescencias.
No sé si, pasado estos 330 días, alguno responderá que The King Of Limbs merece ubicarse entre las tres mejores creaciones en la historia del grupo. Seguro algunos dirán que primero hay que entender que Radiohead tiene dos o hasta tres etapas y que, por ende, resulta imposible amalgamar un comparativo entre el antiguo y nuevo testamento de la agrupación que se volvió el emblema de una época.
A mi juicio, este álbum que desatará propiamente este año su respectiva gira, haciendo escala por estos lares en abril, no alcanza ni se acerca a los niveles del siempre odioso referente, OK Computer, la obra maestra grabada en la zona rural de Bath y Oxfordshire que desde 1997 le respira en la nuca a sus propios creadores. Es un eterno lastre en términos de producción de discos semejante a lo que fue Achtung Baby para U2, Different Class para Pulp, Laid para James, Violator para Depeche Mode o Hysteria para Def Leppard. Las ex novias que colocaron un estándar altísimo y, acaso, insuperable.
No sé si Everett True hizo justicia a su apellido en el punto número 40 de su listado, pero sí creo que al menos hace un buen tiempo que Radiohead está lejos de esa criatura que, con los años, se volvió monstruosamente entrañable y aspiracional.
Quizá The King Of Limbs, del cual ya no escucho hoy grandes palabras, nunca tuvo un punto de partida como el del OK Computer, revelado por el propio Yorke cuando declaró que la densidad y terror del sonido de Bitches Brew, de Miles Davis, había sido el chispazo que necesitaba para iniciar el viaje a la cima de la montaña.
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