La historia detrás de las más grandes canciones

Eso de Meat Loaf

El 21 de enero de 2022, un pandémico y grisáceo viernes en el que se dio a conocer la muerte de Meat Loaf, «I’d Do Anything For Love (But I Won’t Do That)» lideraba con holgura las reproducciones del artista en Spotify, rebasando los ciento veinte millones. La setentera «Paradise by the Dashboard Light» aparecía en segundo sitio sin siquiera llegar al centenar de millones.

La enorme diferencia se debía a que buena parte de los consumidores del servicio musical de la empresa sueca pertenece a la generación que vivió su adolescencia en la década de los 90, cuando Marvin Lee Aday, nombre descafeinado y verdadero del cantante, pilló a los oyentes radiofónicos y a los leales de la MTV con su disco Bat Out Of Hell II: Back Into Hell, abanderado por aquel espectacular single de doce minutos de duración.

Nadie lo vio venir y mucho menos se pensó que se instalaría siete semanas en la cúspide de las lista británica, convirtiendo a Meat Loaf en el primer artista desde The Beatles en colocar una canción tan larga en el número uno del Reino Unido.

En plena eclosión del grunge y de sus feroces canciones de entre dos y tres minutos compuestas sobre guitarras percudidas y letras de abundante desazón, «I’d Do Anything For Love (But I Won’t Do That)» irrumpió con esa larga y pomposa introducción de Roy Bittan, el mismo pianista que Bruce Springsteen llevaba años guardando como su arma secreta en la E Street Band, y la interpretación estrujante, suplicante y casi operística del texano que patina a toda velocidad en la lírica de su amigo Jim Steinman, versos que durante décadas preservaron un gran misterio: ¿qué es eso que Meat Loaf no haría, pese al oceánico amor que dice sentir por la chica en cuestión?

«Jim Steinman compuso la canción», dijo a Yahoo! el artista cuyo apodo se relaciona igual con el sobrepeso que con el platillo culinario favorito de su madre. «Cuando estábamos grabándola, Jim abordó el tema y me dijo: ‘La gente no va a saber qué es ‘eso’. Yo le contesté: ‘Por supuesto que sí, ¿cómo no van a entenderlo?’. Pero él insistó: ‘No lo entenderán’”.

Meat Loaf jamás escondió nada debajo de las piedras. De hecho, una que otra vez reveló que todo siempre estuvo a la vista de cualquiera que siguiese con mínima atención los laberintos del sencillo. La respuesta cambia en cada estrofa porque “eso” es distinto en cada una. Steinman construyó el enigma con la misma canción que lo resuelve, pero el coro martilla “I would do anything for love” con tanta insistencia que los escuchas suelen olvidar el verso que viene justo antes.

Feroz, inmenso y dispuesto a machacar todo el asfalto del planeta a bordo de su flamante motocicleta, el gigante de Dallas apareció en el video dirigido por Michael Bay como la versión rockera de La Bestia, enamorado a sus cuarenta y cinco años de Dana Patrick, quien en el video movía los labios prestados.

La voz que salía era la de Lorraine Crosby, una cantante de Newcastle a quien llamaron a los estudios de Sunset Boulevard para grabar una pista provisional. Entró, cantó dos veces y se fue sin pensar más en el asunto. Fue una encomienda casi coloquial.

Seis meses después recibió una llamada: “¿Le importaría que usáramos sus vocales?” En los créditos del álbum figuró únicamente como “Mrs. Loud”. No recibió un dólar en regalías.

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