
El sol le es fiel a Reikiavik en junio. Se instala en el cielo y decide no irse. Baña la ciudad con una capa blanquecina que acentúa cada borde, cada grieta y resquicio rugoso. El aire es gélido, el viento sobrevuela planicies azuladas y bordea bosques bajos que resisten sin rezongar.
Entre esa mezcla de hielo, lava y vapor, aterrizó en 1970 Led Zeppelin, una banda que acechaba la cima del rock tras la publicación de su álbum Led Zeppelin II.
El viaje tenía forma oficial: una invitación del gobierno islandés para representar a la música británica. La víspera del concierto introdujo tensión. Una huelga general de funcionarios públicos dejó el evento al borde de la cancelación.
La música encontró otro camino. La universidad abrió un recinto en horas, levantó un escenario y convocó a los estudiantes. El concierto ocurrió bajo un cielo que nunca oscurece. Afuera, el viento recorría calles húmedas; adentro, cada acorde se expandía con la fuerza de una llamarada en medio del frío, ocupando el espacio con intensidad precisa.
Plant llevaba la melena abierta por el viento del norte y esa mezcla de exuberancia campesina y presencia escénica que ya lo distinguía. Page, delgado y concentrado, avanzaba con una precisión casi secreta, atento a cada matiz del sonido. Uno empujaba el frente; el otro ordenaba el pulso desde dentro.
Robert Plant atisbó en ese territorio una imagen que después cinceló en lírica. “No estábamos siendo pomposos. Veníamos de la tierra del hielo y la nieve. Fuimos invitados del gobierno islandés en una misión cultural, representando a los músicos de Reino Unido. Nos invitaron a dar un concierto en Reikiavik y el día antes de nuestra llegada todos los funcionarios se declararon en huelga y el concierto iba a ser cancelado. La universidad preparó una sala y todo el ambiente propicio para que tocáramos, y fue fenomenal. La respuesta de los chicos fue espectacular y la pasamos muy bien. ‘Immigrant Song’ fue sobre ese viaje y fue el tema de apertura del álbum que tenía la intención de ser increíblemente diferente, dijo el cantante, según Led Zeppelin: The Oral History of the World’s Greatest Rock Band.
El cantante de los cabellos rizados retacó la letra de grandes barcos, conquista, Valhalla y un sol de medianoche; Page y Bonham levantaron debajo un riff de marcha cerrada, reforzado por acordes de sabor “Rumble” y por un corte armónico que tensa todavía más la pieza. “Immigrant Song” habla de avanzar hacia nuevas tierras y el sonido impulsa y empuja exactamente eso.
Cuando Led Zeppelin III apareció en octubre de 1970, la composición se confirmó como el inicio ideal del material. Después, el álbum abre otras rutas, con cuerdas acústicas, registros más folk, una exploración que amplía el rango de la agrupación inglesa. Jimmy Page lo expresó sin rodeos: “Queríamos mostrar otra cara de la banda”.
Ese mismo año, The Beatles concluyó intempestivamente su trayectoria y el mapa del rock mutó. Zeppelin aprovechó aquel vacío y arremetió a partir de volumen y estruendo, sin perder equilibrio.
En Islandia, la soledad se extiende sobre la tierra con una precisión antigua. El hielo conserva capas de tiempo y el viento recorre la superficie con constancia. En algún punto de ese paisaje, el sonido encontró dirección y abrió una ruta que sigue avanzando.
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