Marley, el sheriff y el doctor

El ruidero se desató cuando a Bob Marley se le ocurrió decir -más bien cantar- que le había disparado al sheriff con nombre y apellido. «I shot the sheriff, but I did not shoot the deputy, I shot the sheriff, but I did not shoot the deputy«, recita el querido rastafari en ese estribillo empalagoso como caramelo. Y luego avienta: «All of a sudden I saw Sheriff John Brown, aiming to shoot me down, so I shot, I shot, I shot him down, and I say, if I am guilty I will pay…»

Y desde entonces, la mar de conjeturas sobre la maraña de versos que el emperador del reggae y sus cinco Wailers plasmaron en «I Shot the Sheriff», diamante brillantísimo de 1973 colocado en el álbum Burnin’.

Decenas vincularon la lírica a un atentado de la vida real que el jamaicano más célebre de la historia podría estar ocultando con absoluta impunidad; otros tantos sugirieron, sin mayor prueba, que canturreaba mofándose de la justicia en su cara, con una letra cristalina y un cinismo del tamaño de sus rastas.

«Ese mensaje es una especie de declaración diplomática», argumentó Marley en 1975, charlando con su típico inglés dislocado con Karl Dallas. «Tienes que averiguar un poco las cosas. Decir que le disparé al sheriff es como decir que le disparé a la maldad. Eso no es realmente un sheriff, son solo los elementos de la maldad. En esta canción hablo de que la gente te ha estado juzgando y no puedes soportarlo más y explotas.»

Valga apuntar que con este clásico que inicia con el inconfundible redoble de Bunny Wailer le sucedió a Bob lo que a otros tantos astros que condimentan sus creaciones con más pimienta de la habitual. Destacan un sinnúmero de raperos cuyas letras explícitas, nebulosas y llenas de pólvora han causado que abogados y fiscales les echen encima el trapo e incluso los lleven a tribunales. En 2014, el disparate de exponer estrofas polémicas como evidencia de casos penales había crecido a tal grado en Estados Unidos que dos legisladores neoyorquinos pidieron que en los juicios dejaran de utilizarse las letras de músicos de reggae y rap como prueba en su contra.

Ese mismo año, la jueza Jaynee LaVecchia se pronunció al respecto y, de pasadita, eximió a Marley de toda sospecha criminal: «Uno no podría asegurar que Bob Marley, quien compuso la famosa canción ‘I Shot the Sheriff’, realmente disparó contra un alguacil, o que Edgar Allan Poe enterró a un hombre debajo de las tablas del piso, como se describe en su cuento ‘The Tell- Tale Heart'».

Con todo y todo, Esther Anderson, una de las varias parejas de Bob y empleada de Island Records, ya había ofrecido una versión distinta sobre la inspiración detrás de «I Shot the Sheriff»: «Es acerca de control natal. Bob siempre estaba tras de mí para que yo tuviera un bebé con él. No dejaba de preguntar por qué, después de haber estado con él un mes, no me había embarazado todavía. Yo le aclaré que estaba tomando la píldora, y eso derivó en la línea… ‘Every time I plant a seed he said ‘kill it before it grow. Cómo podrán ver, el sheriff al que refiere es el doctor que prescribió las píldoras…»

La frustración de Marley no implicó, tampoco, acabar con el odiado médico por la vía de las ráfagas. La canción del rastafari, bellísima, rítmica y venerada por el mismísimo Eric Clapton, fue más que suficiente.

Bien lo dijo Bob alguna vez: «El reggae debe golpearte, pero nunca hacerte daño».

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