Disco malvavisco

Para finales de 2020, el año por excelencia de las mascarillas, el DJ cabeza de malvavisco Marshmello ostentaba un par de cifras de alarido: el video de su megahit “Alone” había sido reproducido casi dos mil millones de veces en YouTube y se encontraba entre los diez clips más “likeados” en la historia del canal.

El confeti y la ovación basados en miles y miles de clics y la manera de aplaudir de las nuevas generaciones confeccionaron una paradoja con respecto a la lírica salpicada de melancolía del single que el misterioso personaje lanzó a mediados de 2016. “La verdad es que me había mudado lejos de mis amigos y familia y empecé a experimentar una sensación de añoranza y soledad que me hizo sentir que no pertenecía a mi nuevo entorno”, publicó el músico en Facebook en ese año. “Todo sucedía tan deprisa que no pude comprender realmente dónde estaba y quién era yo. Lo único cierto es que me sentía solo.”

“Alone” fue el debut de Marshmello en el Hot 100 de Billboard cuando iniciaba el 2017, además de que una nueva andanada de apoyo de la chaviza llegó un par de años después, cuando el sencillo fue incluido en el catálogo musical del videojuego de Epic Games, Fortnite. Todos los flancos cubiertos. Todo dispuesto para que el fenómeno se atara a un cohete, despegara y traspasara la estratosfera.

El ascenso de la canción se detuvo en el escalón veintiocho de la lista de popularidad estadounidense, confirmando el éxito del chamaco que en menos de un lustro conquistó países con ímpetu y vigor napoleónicos.

En los senderos de la gran aldea electrónica se saben algunas peripecias de Marshmello que ejemplifican los contrastes de su vida como aquella escala que hizo en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles en 2015, donde no tuvo empacho en aparecer con su casco blanquecino para documentar sus maletas. Pese a la gracia que provocó en el lugar, un agente le conminó a quitarse esa suerte de cilindro de seis kilogramos cuando llegó el momento de pasar el equipaje de mano por los rayos X. Al cabo de unos segundos su gran malvavisco apareció maltrecho en el otro extremo de la banda de hule. No hubo berrinche, pero sí abundante desazón por la tragedia de su artilugio.

Según la revista Forbes, la meteórica evolución del DJ arrojó ganancias de proporciones planetarias, las cuales garantizaron que esta clase de catástrofes en las terminales aéreas no volviera a suceder. Para 2019 su vida era un enorme arcoíris arqueándose en el horizonte. Con una cuenta bancaria más que saludable, el nene viajaba ya en jet privado con al menos tres pares de cascos que valían más de cincuenta mil dólares cada uno. Ya no eran manualidades vulgares para cubrirse el rostro sino todo lo contrario: lucecitas LED programables y un sistema de aire acondicionado interno convertían al músico en una suerte de tripulante de primera clase de su propia cabezota.

Una vez más, triunfaba alguien apostado detrás de la tornamesa. Al selecto club de desquiciapistas anónimos como Deadmau5 y Daft Punk se integraba otro talentoso chaval. Uno con ojitos pizpiretos y boquita sonriente. 

I’m so alone, nothing feels like home, I’m so alone, trying to find my way back home to you, I’m so alone, nothing feels like home…

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