Radiohead, versión arrullo

thom_yorke_by_fb42.jpg¿Alguien nota alguna similitud entre “No Surprises”, de Radiohead, y el tema “What A Wonderful World”, de Louis Armstrong?

Thom Yorke deseaba que la atmósfera de aquel sencillo del fastuoso OK Computer, editado en 1997, tuviera una atmósfera sonora semejante a la del clásico de 1967. Difícil decir si lo logró.

Lo que sí es un hecho es que, más que a nivel lírico, es una de esas pocas composiciones en la carrera del quinteto de Oxford en la que la cuadrilla parecía estar obsesionada con la forma y no tanto con el fondo.

“Es nuestra canción ad hoc para estadios. El objetivo primeramente era asustar a todos con ‘Climbing Up The Walls’ y después consolarlos a través de un tema pop con un estribillo similar a una canción de cuna”, explicó en su momento el bajista Colin Greenwood.

“Quería construir un corte que fuera como un doble cristal nuevo: que diera esperanza, limpio, seguro”, afirmó por su parte Yorke, quien al referirse a esta pieza de terciopelo y media voz se reconoció como un vertedero emocional que entiende que lo que hoy está de moda pronto se convertirá en basura. Por eso le importaba tanto que la estructura y las ideas detrás de “No Surprises” no tuvieran fecha de caducidad. Al menos no tan rápido.

Thom, el mismo loco obsesivo del estudio de grabación que el que en el escenario parece estar danzando sobre una rejilla ardiente. Thom… el que justo por estar siempre preocupado por la vigencia de una canción, se la piensa dos veces antes de incluir dicho sencillo en las aventuras en vivo de Radiohead.

“Las canciones pasan por fases en las que no se siente bien tocarlas y después regresan. ‘No Surprises’ estuvo fuera por años, no la tocamos una sola vez en la gira de The King Of Limbs. Si la interpretas bien es jodidamente oscura (…) Cuando la tocamos, tenemos que hacerlo muy lento. Sólo así suena bien, si es frágil”.

Delicada y macabra, esta canción de cuna que en realidad no nos hace recordar mucho a Louis Armstrong, es fundamental para comprender los hilos de aquel disco de 1997, el que para muchos representa la página más brillante en la historia de la pandilla británica.

I’ll take a quiet life, a handshake of carbon monoxide, with no alarms and no surprises…

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