
«Nights In White Satin» fue lanzada por The Moody Blues seis semanas antes de que culminara 1967, el año que fue para la música lo que 1969 fue para la Luna. El año en que muchos de los mastodontes del rock publicaron obras maestras y en el que otros tantos, aún medianos, le plantaron cara a los gigantes poniendo a circular singles inmortales.
Semilenta y digna de una procesión in memoriam en medio de una tarde lluviosa, la composición de la agrupación de Birmingham fue la gran banderola del disco Days of Future Passed, un material pomposo que incluiría pinceladas de psicodelia para no quedar fuera de la espiral de entonces encabezada por The Beatles y su Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.
La producción echó mano de la London Festival Orchestra, una sociedad que ni era orquesta ni traía sangre exclusivamente londinense. Se trataba de un puñado de gitanos duchos para las cuerdas al servicio de Decca Records que apoyaron durante tres horas en partes específicas del disco por una paga modesta. Cada grano se grabó por separado y posteriormente se articuló con la lógica artesanal de un rompecabezas.
Originalmente, la intención de los Moody era hacer una lectura rockera de la «New World Symphony», obra del compositor checo Antonín Dvorák, pero la idea floreció más allá de lo esperado y Justin Hayward, el güero risueño de diecinueve años que acababa de integrarse al grupo como reemplazo del desertor Denny Laine, fabricó en su pequeño apartamento de dos habitaciones un corte de senderos laberínticos y alcances suficientes para asegurar la jubilación. Diez minutos de magia que, sin imaginarlo, cambiarían su vida por siempre.
«Escribí dos versos de ‘Nights’ sentado en la orilla de mi cama sin esperar que trascendiera. Al día siguiente, fui a la sala de ensayo y le toqué a mis compañeros los versos; ninguno quedó impresionado. Entonces nuestro teclista Mike Pinder, quien dominaba un instrumento llamado mellotron, me dijo: ‘Toca otra vez’. Así lo hice y Mike construyó la melodía en aquel instrumento. Pronto, todo empezó a cobrar sentido», recordó Justin. «La canción es una colección de pensamientos de un chico, ya sabes, yo de joven. Estaba en el final de una gran historia de amor y en el inicio de otra, y ese es el tipo de cosas que expresas a esa edad».
En cuanto al satén, la inspiración brotó de unas sábanas que el propio Hayward recibió de parte de un amigo entrañable cuyo nombre nunca ha sido revelado. Un obsequio tan extraño e inusual que el revoloteo de suspicacias se mantuvo vigoroso durante décadas. «Junto a ‘Tuesday Afternoon’, fue la canción que definió nuestro sonido y a nosotros mismos como banda. Nos dio un estilo único», añadió Justin.
«Gazing at people, some hand in hand, just what I’m going through, they can’t understand…«
Replica a ﺥ.ΘçнöД: (@Kino_7813) Cancelar la respuesta