En una semana será lanzado The 2nd Law, el que se espera se convierta en el gran oponente del otoño para Battle Born, de The Killers. Y nos aventuramos a asegurar que será el nuevo disco de Muse el que destrone de inmediato al cuarteto de Las Vegas de la cima del chart en Reino Unido. No por favoritismo, sino porque así se comporta la isla cuando Matt Bellamy y sus secuaces publican sus linduras.
Tras escuchar los 13 tracks que componen la nueva obra del trío de Devon, resulta ciertísimo lo que prometió su líder: «Sonaría como tres bandas diferentes si no fuera por mi voz». Y es que hay que esperar pocas proteínas del Muse tradicional y un estómago más lleno de dubstep que se logró en las sesiones en Los Angeles, de la mano de David Campbell.
El inicio con «Supremacy» es potente, pero sin los alcances de aperturas como «Uprising» o «Take A Bow», mientras que «Madness» es uno de los experimentos más logrados, si bien no la mejor canción que ha creado Muse, como declaró el pintoresco Chris Martin. «Panic Station» crea distorsiones en la voz de Matt, condimentada con una sólida y aseada cadencia en el bajo de Chris Wolstenholme.
«Prelude» no es más que violines bien llevados y sugerencias corales a modo de interludio para dar paso a «Survival», la tan conocida composición de los Olímpicos de Londres; épica, creciente, triunfalista y con gran influencia de Queen en pleno 2012.
Un tope en el disco es «Follow Me», corte ad hoc a los tiempos de Absolution, aunque con patrones reverberantes y distorsiones dubstep al estilo del sur de Londres. Evoca a una película futurista, pero ubicada a inicios de los años 80 y no podemos dejar de mencionar los latidos del corazón del bebé de Bellamy, grabado con el iPhone del papá apenas instantes antes de nacer.
En la parte media del álbum «Animals» mantiene un ritmo bajo, con espasmos de guitarra fugaces y delicados. El vocalista a media potencia y jugando con su guitarra más al natural siempre es una ensalada exquisita. «Explorers», a su vez, esconde una balada a la mitad del camino y recobra al Muse nostálgico entre cantos de sirenas, con limpieza en la voz de Matt, lejos de sintetizadores.
Si alguna vez U2 dejó una influencia en Muse tras las fechas en que giraron juntos, el resultado puede ser «Big Freeze», al tiempo que «Save Me» provoca que la velocidad aumente y guarde semejanzas con los trabajos recientes de M83. «Liquid State», sin sorpresa alguna, engendra rock clásico con la voz nada reconocible de Chris Wolstenholme.
«The 2nd Law: Unsustainable» es dubstep en los tiempos en que Skrillex tomó posesión del alma de Bellamy y en el desenlace con «The 2nd Law: Isolated System» no hay duda de que la base rítmica y «Tubular Bells», de Mike Oldfield, tendrán alguna relación a juicio del oyente. Es un lindo y no menos bizarro cierre para un álbum que jamás despunta como las obras previas, pero del que se agradece la aventura en busca de nuevas conquistas.
Si alguna vez Muse fue un lingote de oro con medidas definidas, hoy es mercurio.
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