El 23 de abril de 1978, Terry Kath, guitarrista de la legendaria banda Chicago y uno de los integrantes con mayor consumo de cocaína, de quien incluso se pensaba que dejaría pronto a la agrupación para tomar su carrera como solista, se encontraba en una fiesta en Woodland Hills, California.
Amante y coleccionista de armas, jugaba con una pistola frente a sus amigos y a su esposa Camelia Emily Ortiz, simulando disparos en distintas partes del cuerpo. En un momento, según las narraciones de varios testigos, tomó una 9 mm, la puso en la sien y jaló del gatillo, volándose los sesos. «No hay problema, está descargada», había dicho segundos antes el joven de 31 años, a quien incluso el mítico Jimmy Hendrix había calificado como el «mejor guitarrista del universo».
En una entrevista concedida en enero de 2009, el líder de Chicago, Robert Lamm, me externó sus emociones 30 años después de esta célebre y trágica jugarreta que le costó la vida a uno de sus grandes amigos, considerado uno de los guitarristas más virtuosos de la época.
«Pensamos que sería imposible continuar y por supuesto que consideramos terminar la banda. Nos tomó un año tener claridad y atravesar el duelo. Terry era un hermano y una enorme influencia dentro de la naturaleza del grupo y cuando empezamos a buscar a su sustituto, comprendimos que simplemente era alguien irremplazable y que Chicago habría de cambiar, como ha sucedido. Pero nuestra unión nos mantuvo vivos y ahora creo que somos una mejor banda que en aquel duro momento», me dijo Lamm.
La de Kath es permanentemente considerada una de las muertes más absurdas en la historia del rock, si bien hay un buen número de opciones de dónde elegir.
Por cierto, años después su viuda se casó con el célebre actor Kiefer Sutherland.
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