Frances Bean Cobain vino al mundo a las 7:48 horas del 18 de agosto de 1992, pesó casi 3 kilos y nació con el Síndrome de Abstinencia por el alto consumo de heroína de parte de su madre.
De inmediato, la bebita fue puesta bajo tratamiento especial y tratada con sedantes, pero su fortaleza le ayudó a resistir todo ello en las primeras horas de vida. Si bien la situación se había tornado crítica porque Courtney Love había consumido drogas en las últimas dos semanas de embarazo, Frances salió avante de un escenario desolador. Le fueron suministradas altas dosis de metadona, padeció escalofríos, espasmos musculares y algunos calambres, pero nada de ello la derrotó.
Kurt declaró alguna vez que su hija se había convertido en la droga más potente dentro de su organismo. Cierta reseña de la revista Rolling Stone ejemplificó los ratos de alegría del músico con su nena en el backstage de un show de Nirvana en el Aragon Ballroom de Chicago, en octubre de 1993.
«Teniendo en cuenta la imagen de Cobain que han transmitido los medios, el joven cantante y guitarrista, de 26 años, debería haber despedido al técnico de sonido y haberse ido a su habitación a sollozar. En lugar de eso, pasa el rato después del concierto jugando con su hija, Frances Bean Cobain, una pequeña preciosidad rubia de un año que circula por el camerino ofreciendo una sonrisa a cualquiera que se cruce en su camino«, se leía en el artículo del periodista David Fricke, último en entrevistar a Kurt.
Seis meses después de este concierto, el 8 de abril de 1994, Cobain fue hallado muerto por un electricista en el invernadero de su casa de Seattle. Un fragmento de la carta de despedida se refería a su pequeña hija, con su respectiva y muy personal angustia de padre:
“Tengo una diosa de esposa que suda ambición y empatía y una hija que me recuerda demasiado lo que yo solía ser, llena de amor y felicidad, besando cada persona que conoce porque todo el mundo es bueno y no le hará daño. Y eso me aterra al punto donde apenas funciono. No soporto imaginar a Frances convirtiéndose en el miserable rockero autodestructivo en el que me convertí…«.
Lejos del grunge y felizmente enfocada en su carrera como dibujante y modelo, Frances cumplirá en agosto sus primeros 20 años de vida. Ha concedido apenas cinco entrevistas, se encuentra alejada de su madre y no gusta de ser centro de atención, por lo que hace tiempo se hizo llamar Fiddle Tim.
Para una joven que siempre estuvo en el auténtico ojo del huracán, entre pinchazos de heroína y memorias de un músico legendario que para ella era simplemente su padre juguetón, la manera más generosa de mostrar rebelión es permanecer en el anonimato.
En algo habían de parecerse. Su papá también odiaba los colaterales de la fama.
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