Un escupitajo de Roger Waters: el origen de The Wall

El germen de The Wall, el show que parece carecer de fecha de caducidad, se remonta a julio de 1977.

Durante un concierto en Montreal derivado de la gira de Pink Floyd, denominada In the Flesh, unos fans que exigían ciertas canciones al músico provocaron que éste se irritara y terminara escupiendo a uno de ellos. Roger comenzó a pensar en la idea de levantar un muro tras el que él y el resto de Floyd se alejaran de todo estímulo, positivo o negativo, de la audiencia. Dos años después, esto se cristalizaría en un álbum doble, que muchos consideran un trabajo básicamente solista de Waters.

Desde entonces, aquel incidente se mantiene presente, como una de las grandes ironías de comunión entre artista y audiencia. Y por más que los fans floydianos y post floydianos se sepan de memoria el inicio, el intermedio y el desenlace de la obra que hace más de tres décadas ideó el temeroso músico de 36 años, todo parece indicar que el concepto está tan fresco y sólido como cuando en 1979 Waters tomó el riesgo y derribó los paradigmas de los shows en vivo.

Prueba de ello es que The Wall Live, actualización que inició el 15 de septiembre de 2010 en Toronto y que revive en lo general al tour de Pink Floyd de 1980-1981, suma hasta el momento 119 escalas repartidas en Europa y Norteamérica, incluyendo las tres presentaciones en el Palacio de los Deportes que, a fin de cuentas, también fueron insuficientes, ya que Waters volverá el 27 y 28 de abril de 2012, pero ahora para abarrotar el Foro Sol.

La gira de los cientos de mensajes antibélicos está condimentada con las imágenes originales del caricaturista Gerald Scarfe, envueltas en sonido cuadrafónico y acompañadas por los imprescindibles inflables gigantes que impactaron al mundo desde aquella, muy lejana, primera vez del 7 de febrero de 1980 en Los Angeles.

La ópera prima de Waters, edificada en dos grandes fragmentos, incluye 28 cortes que más bien podrían denominarse capítulos, además de un intermedio de varios minutos, en el cual el muro que se ha construido durante la primera parte del espectáculo sirve como pantalla de proyección para numerosas fotografías de muertos en guerra, incluido Eric Fletcher Waters, padre de Roger, desaparecido en 1944, un año antes del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Además de frases grafiteadas, Waters juega con las constantes proyecciones de bombarderos, de símbolos cristianos, judíos e islámicos, y de transnacionales como General Motors, Mercedes Benz y Shell. Todo, a lo largo de la pantalla de 743 metros cuadrados que encumbra al general con gabardina larga, gafas oscuras y martillo cruzado, diseñado también por Scarfe.

Momento entrañable se vive en “Goodbye Blue Sky” cuando se escucha la línea “Look mummy, there’s an aeroplane up in the sky”. Es la voz de un pequeño, grabada para el disco doble de 1979 y que recrea el instante previo a un bombardeo. Se trata ni más ni menos que de la voz de Harry, hijo de Waters, quien 32 años después gira por el mundo con su padre, encargándose del piano.

Pero lejos de la música, los críticos que han seguido el actual recorrido de Waters han subrayado el tono conciliatorio del bajista, más que nunca reflejado en su buena relación con la gente que le rodea, con la prensa, con los fans y con quienes antes le era imposible tener el mínimo trato: David Gilmour y Nick Mason.

El pináculo de esta transformación se dio el 12 de mayo de 2011, cuando se reunió en el escenario con los dos únicos integrantes vivos de Pink Floyd, haciendo de la noche en el 02 Arena el que probablemente haya sido el capítulo final de una de las bandas más importantes en la historia del rock.

Tras dos presentaciones en Grecia en julio pasado, la gira europea terminó y el músico entró en un largo receso. Será hasta el 27 de enero cuando Waters retome la aventura en Australia, como parte de una minigira por Oceanía.

Antes de recalar en México, protagonizará una auténtica invasión a Sudamérica, destacando nueve conciertos en el Estadio Monumental de Plate River, dos en el Morumbí, de Sao Paulo, y dos en el Estadio Nacional de Santiago de Chile.

Así, para el próximo 2012 The Wall Live tiene garantizados al menos otros 29 derrumbes. Más los que se acumulen…

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