Def Leppard… ¡en vivo!

Para una banda de rock que nació en 1977, estar lanzando su primer disco en vivo en 2011 podría cosechar muchos calificativos. “Inaudito”, sin duda, sería uno de los más apropiados para una siembra tan, pero tan larga. Pero el caso es que Def Leppard lo ha hecho… por fin.

Tantas historia, tantos años, tanto aplauso y tantos conciertos, un guitarrista fallecido por alcoholismo y un baterista que aún sorprende con un solo brazo, pero de un álbum en vivo de parte de la banda de Sheffield… hasta hoy se puede hablar.

Mirrorball fue el título poco pretencioso y elegido por el quintento que comanda el espigado general Joe Elliott (no siempre el vocalista es el más alto en una banda). La carátula es tan explosiva como los álbumes con más jugo en la carrera de Leppard. Y se agradece, absolutamente, que el logo del grupo haya sido respetado (en la época de Slang su célebre tipografía triangular fue aniquilada por la década de la inconsistencia musical en la que el rock, el hip hop y el grunge eran capaces de hacer un trío).

Y el tracklist del directo no podía ser distinto. Def Leppard ha sido siempre fiel a una fórmula en vivo, recargada en la totalidad de los sencillos (excepto “Women”) de su exitosa joya de 1987, Hysteria, aderezado por sus álbumes escolta: Pyromania (1983) y Adrenalize (1992). Quienes hemos gozado de los chicos británicos en concierto, sabemos que no hay muchos cambios de repertorio, aun con el pasar de las giras. El acomodo varía, pero la esencia es la misma.

En México, como en muchas otras ciudades, “Rock! Rock! (‘Till You Drop)” ha sido la apertura energética a lo largo de los años, “Two Steps Behind” ha sido la contribución persistente del Retro-Active (1993), y “Bringin On The Heartbreak” el dolor infaltable del High ‘n’ Dry (1981). Acá tampoco faltan.

La voz de Elliott, chillona y perfecta para apretujarse con los coros sugar metal de Savage, Collen, Allen y Campbell, es la de antaño, aunque un poco más cuidada en los estribillos explosivos que son hechos para chicos, pero que desnudan a quien es viejo. Ha pasado el tiempo… con su montón de consecuencias. Siempre habrá quien critique la configuración de su setlist, ciertamente poco arriesgado al incluir un reducido número de canciones nuevas. Pero la realidad es que la banda no se atribula por ello; apuesta a lo que le dio palmas durante una década ya lejana y se olvida de lo actual. Si los oyentes quieren nutrirse del Leppard nuevo, que se escuche el trabajo de estudio y punto.

Mirrorball, de dos discos como se hacía en el pasado, se encumbra en “Love Bites” y “Switch 625” y se despide con la tribunera “Let’s Get Rocked”. Mantiene la intensidad pese a grandes ausentes como “Gods Of War”, “Have You Ever Needed Someone So Bad” y “Stand Up”, y hace justicia a una banda de rock que se atrevió a decir que el auténtico rock había muerto 10 años antes de que ellos lanzaran su primer sencillo.

Pero Def nunca nos ha mentido. Si acaso… es modestia.

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