La historia detrás de las más grandes canciones

El primer gran hit internacional de ska

En mayo de 2020, cuando se supo que Millicent Dolly May Small había detenido el reloj de su vida a los setenta y tres años, llegó la cascada de notas de prensa que desenterraron su breve pero vitamínica carrera como cantante y sus éxitos y su declive y sus sinsabores por no haber cobrado las pertinentes regalías de su pelotazo más potente: “My Boy Lollipop”.

La canción que la puso en órbita en 1964 duraba apenas dos minutos y no era de su autoría. Ya traía una década de historia desde que Robert Spencer, el cabecilla de la banda The Cadillacs, armó una primera maqueta y poco después ésta acabó siendo interpretada por Barbie Gaye con un aire de rhythm and blues lo suficientemente atractivo para propagarse con rapidez en Nueva York y llegar hasta Kingston, Jamaica.

Chris Blackwell, genio fundador de Island Records, fue uno de los convencidos de que se podía sacar oro de aquel tema y organizó en Londres una sesión de grabación con Millie Small, chispeante y soleada jamaicana de diecisiete añitos que de cuando en cuando se enrolaba en concursos de radio en busca de un oído cómplice y un golpe de suerte.

“Grabé ‘My Boy Lollipop’ en 1964 y llegó al segundo lugar en algunos lados y al primero en otras partes del mundo. Jamás tomé clases de canto, mi voz es algo con lo que nací”, afirmó Millie, la menor de doce hermanos de una familia humilde de Clarendon, Jamaica, que creció escuchando gospel y rhythm and blues mientras su padre se ganaba la vida cortando caña de azúcar.

“Viajé con ella por todas partes porque en cada lugar la gente quería verla presentarse en los shows de televisión. Fue increíble cómo llevó todo aquello. Era una chica verdaderamente dulce”, declaró por su parte Blackwell al diario Jamaica Observer.

“My Boy Lollipop” ha sido considerado el primer gran éxito internacional del ska y, con cierta elasticidad en el juicio, la piedra fundacional del reggae. Un golpazo, un cohetón en plena Beatlemanía que acabó despachando siete millones de unidades a nivel global.

Aquella pequeña explosión también abrió una grieta por la que la música jamaicana empezó a filtrarse en el pop británico. Años después, por esa misma rendija terminarían entrando Desmond Dekker, Jimmy Cliff y Bob Marley.

En los seis años siguientes Millie intentó hilar más singles reverberantes, pero ninguno cautivó a niveles semejantes. Asediada por rémoras y vivales en la industria, la cantante optó por alejarse de los micrófonos en los primeros meses de la década de los 70. “He sido feliz teniendo una vida tranquila (…) durmiendo, soñando, meditando”, dijo Small en 2016.

Dos minutos bastaron para que aquella voz adolescente saliera de Kingston y se colara en el mapa del pop mundial. Todo lo demás fue silencio. Pero cada vez que esa melodía vuelve a sonar, el verano de 1964 regresa también, saltarín y luminoso, como si la historia recordara que a veces un solo estribillo alcanza para quedarse a vivir en la memoria.

My boy Lollipop, you make my heart go giddyup, you are as sweet as candy, you’re my sugar dandy…

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