
Wayne Fontana pasaba el día con los otros tres integrantes de The Mindbenders, pero dormía con el ego.
A sus veinte, era el capo de la banda, el frontman, el vocalista y el mandón, el que aparecía en las portadas del grupo de Manchester con muecas de autosuficiencia y pedantería, y el que hablaba a nombre de todos.
Ni siquiera se llamaba Wayne Fontana, pero el nombre Glyn Ellis le parecía un cruce entre lo ordinario y lo raquítico, algo muy lejano a sus intenciones de rockstar, lo que lo llevó a cambiarse lo más básico inspirado en Dominic Joseph Fontana, el baterista de Elvis Presley. Y así surgió Wayne Fontana & The Mindbenders, un proyecto que delineaba más el uno y tres que el combo equilibrado.
La agrupación escaló en los listados en 1964 con «Um, Um, Um, Um, Um, Um», y meses después golpeó aún más fuerte con “Game of Love», tema en el que Fontana recitaba como dandy sabiondo… «The purpose of a man is to love a woman and the purpose of a woman is to love her man, so come on, baby, let’s start today…«
La cima en Estados Unidos y el segundo puesto en Reino Unido no fueron suficientes para saciar al obsesivo Wayne, quien una noche de octubre de 1965, en pleno concierto en Londres, decidió dejar la tarima y renunciar a todo. Aunque insólito e intempestivo, el episodio no aniquiló al grupo y la rendición contravino al destino. “Simplemente perdimos a nuestro pandereta», lanzó entonces el guitarrista Eric Stewart, destensando el momento, asumiendo la vocería del ahora trío y dando dos pasos al frente para encargarse del micrófono y de lo que exigiera la nueva era. Su estilo encantó a las chicas: apuesto, radiante, con peinadito a la moda, saco y suéter cuello de tortuga, además de que la guitarra siempre le ha ganado la partida a la pandereta.
Las semanas inmediatas a la salida de Fontana llegaron claras y sin nubarrones. Sonrientes y liberados de los caprichos del líder desertor, Stewart, Bob Lang y Ric Rothwell se amalgamaron como unidad y poco antes de la Navidad de 1965 lanzaron un sencillo de estrofas azucaradas y alcance similar al de «Game of Love», mostrando que el grupo no había sufrido hemorragia alguna.
«‘A Groovy Kind of Love’ fue escrita por dos chiquillas de dieciséis años (Carole Bayer y Toni Wine). Las escuché cantando la maqueta y me pareció genial. Al final, ¡para nosotros se convirtió en número uno en América!», contó Stewart en 2018 a Culture Sonar con dislocado entusiasmo, ya que en realidad el single llegó al segundo peldaño en los charts estadounidense y británico.
Aún estudiantes en Nueva York, Bayer y Wine habían compuesto «A Groovy Kind of Love» en veinte minutos, tomando prestado de la Sonatina del compositor clásico Muzio Clementi y valiéndose de esa juguetona palabra «groovy» que se oía en más de una esquina y se incluía en ciertas canciones de la época.
La presentación del corte en cadena nacional dejó perplejo a un inquieto adolescente de catorce años del oeste de Londres, amante de The Beatles, ansioso por tomar lecciones de actuación y habituado a mirar los shows televisivos para practicar batería, empatando tiempos con los músicos que ahí aparecían.
Acaso aquel joven que observó cada movimiento del baterista Ric Rothwell y trató de aprender mil dobleces en dos minutos no imaginó que trece años después estrenaría su propia toma de «A Groovy Kind of Love» y ésta se convertiría en su única entrega que engarzó el número uno a ambos lados del Atlántico. Esta noche, frente al televisor, más que adivinar el futuro, Phil Collins sólo quería seguir compases.
«When I’m in your arms, nothing seems to matter; my whole world could shatter, I don’t care…«
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