La historia detrás de las más grandes canciones

‘No Rain’, abejas y cielos despejados

«Sweet Bee se adapta a cualquier tipo de evento y ofrece barras de dulces temáticas para bodas, despedidas de soltera, baby showers, fiestas privadas y más«.

Sweet Bee Candy Stations and Event Planning, negocio ubicado en Lake Forest y posicionado de tal forma en diversos buscadores web, pertenece a Heather DeLoach, empresaria, esposa y madre de dos pequeñas. En la actualización de su Facebook, en agosto de 2022, mostró una imagen plácida, retozando en una alberca, con gafas veraniegas y una diadema amarilla en forma de corazón sobre un inflable de unicornio. ¿Esa diadema? ¡Por supuesto, esa diadema! Ese es el objeto que alguna vez vieron miles de jóvenes, hoy cuarentones y cincuentones.

Su nombre y apellido en la red social están escoltados por un apodo que resuelve el siempre incómodo «me suena»: «The Bee Girl». ¡Desde luego! Se trata de la abejita con anteojos del video más luminoso de 1993, el que el director Samuel Bayer planteó para decorar las notas de «No Rain», la canción gigante de los californianos Blind Melon cuyas letras jamás fueron olvidadas por los chicos que habitaron aquel comienzo de década: «I just want someone to say to me, oh, oh, oh, oh. I’ll always be there when you wake, yeah, yeah, yeaaah…«

La voz chillona de Shannon Hoon maridó siempre con las muchas linduras de aquel clip inmortal: el look hippy de la banda, la graciosa abejita, el inmenso pastizal y el cielo azulado y despejado que resaltaba la imposibilidad de que un chubasco jodiera tan esplendoroso cuadro.

«La canción habla de no levantarte de la cama ni hallar motivos para enfrentar el día en que ciertamente no tienes nada arrebatador por delante», contó Brad Smith, el hombre encargado del bajo que escribió el corte mucho antes de fundar Blind Melon, pensando en una chica que no podía superar una racha depresiva ni experimentaba demasiada ilusión por las próximas veinticuatro horas.

Antes de cumplir diez años y sin pertenecer propiamente a Blind Melon, Heather se volvió la imagen referencial de este himno, lo que a la mitad de la década le permitió darle varias mordidas a la fama: conoció a Madonna en su momento cumbre, firmó decenas de autógrafos en eventos musicales, banquetas y semáforos en rojo, compartió camerino con los Red Hot Chili Peppers, entonces tan mediáticos como inestables, y apareció en el show nocturno de Jay Leno enfundada en su disfraz de artrópodo para ser entrevistada en un sillón cuyo tamaño hacía que sus pies se columpiaran de este a oeste. La abejita fue tan icónica como los suéteres gastados de Kurt Cobain, la vieja chaqueta café de Eddie Vedder y la barba rojiza de Axl Rose.

El sábado de octubre en que una excesiva dotación de droga paró el corazón de Shannon y clausuró sus correrías toxicómanas en el interior del autobús de gira de Blind Melon, DeLoach jugaba con sus amigas en la calle como lo que era, niña, habitual, simplona y común, sin el disfraz que le daba superpoderes y con ganas de una pizza en fin de semana. Al enterarse del deceso de su amigo, lloró lo suficiente para llenar una alberca. Algo se había acabado, una gran fiesta, un trozo de tiempo, un cuento, una fascinante anomalía de la infancia.

En 2020, Heather interrumpió sus publicaciones habituales del negocio Sweet Bee Candy Stations en Facebook para colgar el link a una nota de la revista musical Spin que conmemoraba los veinticinco años de la muerte de Hoon. De pronto, al abrir el enlace, asomó la nostalgia y esa voz chillona y aquella imagen de una abejita feliz, acompañando a una cuadrilla de rockeros hippies bajo un cielo despejado que garantizaba que jamás llegaría un chubasco.

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