Luego de una catártica interpretación de «Everything Counts», en la que 86,000 fans terminaron cantando el coro de aquel éxito de 1983 frente a una banda atónita, Dave Gahan se despidió de las masas, regresó al camerino con una toalla al cuello, tomó asiento y rompió en llanto en la más profunda soledad.
Ese 18 de junio de 1988 culminaban en el Rose Bowl de Pasadena los esfuerzos exitosos de la extensísima gira Concert For The Masses y nacía el documento 101 que se convertiría, con los años, en una especie de Biblia para los amantes de Depeche Mode. Se trataba de un suceso con una luz muy particular y de una confirmación del tamaño real de la banda que durante años había sido ignorada por el mercado de Estados Unidos. Wilder, Gahan, Gore y Fletcher fueron los primeros componentes de un grupo basado en sintetizadores en llenar un estadio de tales dimensiones.
Dave explicó que aquellas lágrimas que soltó en el camerino reflejaban su temor a que todo hubiese terminado paradójicamente en la noche más gloriosa de Depeche. Mientras lloraba, se vendían miles de camisetas blanquinegras, posters y toda clase de accesorios alusivos al recital 101 del tour 1987-1988. Jonathan Kessler contaba el dinero, el staff sonreía y el mito se hacía verdad tras las 19 canciones que se escucharon esa noche a partir de que la cinta de «Pimpf» dio sus primeras vueltas.
«Esto tiene que ser la cima de nuestra carrera, de aquí ya sólo podemos ir hacia abajo», dijo la voz de los Mode.
Iluso Gahan. Pronto llegaría un monstruo llamado Violator.

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