Madre, ¿debería levantar un muro?

¿Que Roger Waters está loco? Es probable. Es el riesgo que corre el flaco veterano después de más de 40 años de buscar concretar el mejor show sobre la faz de la Tierra.

Y lo ha logrado.

Hubimos de emplear dos noches en atestiguar la adaptación de The Wall Tour a la versión de estadio, algo muy distinto y superior a lo que trajo a la Ciudad de México en diciembre de 2010.

A unos cuantos metros y con 50,000 fans a mis espaldas en la primera de esas veladas, ciertamente sus gestos lo hicieron ver como un lunático. De no haberlo sido desde que Syd Barrett enloqueció en 1967, Pink Floyd sería otra banda, quizá una grande, pero no una legendaria. La demencia en aquel cuarteto siempre fue una virtud y un motivo.

Waters mantiene una fina estampa y una delgadez que espanta. Las mujeres dicen que se ve mejor que el Roger que se presentó en Earls Court en 1980, cuyas imágenes fueron rescatadas para este tour y exhibidas en un entrañable dueto que se da durante la interpretación de “Mother”.

“Cuando era joven, filmamos uno de estos shows en Londres y encontramos un pedazo de video de aquel concierto para compartir con ustedes esta noche. Es una pieza de mí mismo. Estaba en un periodo duro en mi vida, era un narcisista. Tocaré un dueto acústico con aquel miserable, pequeño y jodido Roger”, dijo el inglés momentos antes de comenzar los acordes de “Mother”, pieza medular de The Wall.

Artística y líricamente, Waters es la fuerza de Floyd. Y siempre lo fue aun en los tiempos en que su ego y el de David Gilmour cabían en una misma banda. Justo en la grabación de The Wall, Pink Floyd sería azotado por sus diferencias internas y, mientras Rick Wright era despedido por Waters y recontratado como asalariado, el resto vería en Roger al mandamás prepotente que debió pensar mejor si no quería acreditar el doble álbum como solista. Es casi eso. Lo impide la maestría de Gilmour en “Comfortably Numb”.

Pero volvamos al presente.

Frente a nosotros el gran muro a detalle, pero imponente desde las butacas más lejanas (contrastes de la primera y segunda noche). Todos fuimos devorados por la parte más íntima de Waters. Arrugado, sonriente, histriónico, compartido. Le agrada que luzcan los niños en “Another Brick In The Wall Part II” y que sus guitarristas hagan todo lo posible por hacer olvidar a Gilmour (imposible).

En el compuesto bélico de The Wall y entre los cientos de rostros de quienes han muerto en la guerra, proyectados en el muro del show, Roger no deja de colocar a Eric Fletcher Waters, soldado del que se ha sabido muy poco desde su muerte en 1944, excepto por las letras de su famoso hijo, quien sugiere que su cuerpo nunca fue hallado.

El resto es maestría… a niveles en que muchos lo han considerado el mejor concierto de rock en la historia de la ciudad. El estrellón del Stuka contra el gran muro hace de “In The Flesh?” un inicio catártico, los bombarderos a vuelo bajo en “Goodbye Blue Sky” estremecen hasta los huesos, y los instantes íntimos en “Nobody Home”, con el viejo sentado en una sala de televisión sostenida por algunos ladrillos, construyen una paradoja exquisita: la más masiva de las soledades. A fin de cuentas The Wall nació así, como una parabola del aislamiento de Roger con respecto al público que tanto odiaba. Lo demás es lo que consuma a la obra como una pieza majestuosa entre madres dominantes, discriminación, totalitarismos, diferencias raciales, inseguridad, guerra y adicciones. Y sí, cada canción es una emoción. A excepción del intermedio, no hay silencio, no hay tregua.

La gran pared nunca ha sido vista con estas dimensiones e ignoramos si esto será superado en el resto de la gira. A la Ciudad de México, al Foro Sol, les corresponde el honor de haber albergado este fin de semana el muro más ancho del tour, con un total de 155 metros sobre los que se proyectaron imágenes a 15,000 pixeles de resolución por línea.

Poco antes de concluir la segunda noche en México, Waters tejió un recuento, un cierre y una conclusión de la que muchos dudarán a excusa de populismo musical: “Esta noche marca el concierto 153 de la gira. Hasta ahora… el mejor de todos”, dijo mientras menguaba la luna sabatina.

Yo le creo.

Setlist – 27/280412 –

In The Flesh?, The Thin Ice, Another Brick In The Wall Part I, The Happiest Days Of Our Lives, Another Brick In The Wall Part II, Mother, Goodbye Blue Sky, Empty Spaces, What Shall We Do Now?, Young Lust, One Of My Turns, Don’t Leave Me Now, Another Brick In The Wall Part III, The Last Few Bricks, Goodbye Cruel World // Hey You, Is There Anybody Out There?, Nobody Home, Vera, Bring The Boys Back Home, Comfortably Numb, The Show Must Go On, In The Flesh, Run Like Hell, Waiting For The Worms, Stop, The Trial, Outside The Wall.

 

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5 comentarios en “Madre, ¿debería levantar un muro?

  1. Concuero en que ha de ser un super show y todo lo que se puede, si ha de haber estado muy bueno pero la verdad es que para que uno considere un show asi, creo que te tiene q gustar su musica y de alguna forma te tienen que caer bien los que cantan, sea por su arrogancia, su talento o por que son guapos (cosa que a diferencia de Waters, para mi Jarvis si tiene todo eso jajajaja)
    Si te creo que fue un gran show, pero alguien como Waters no hay cabida la verdad en mi vida, es arrogante, y honestamente asi sea de Pink Floyd alguien como el no puede darse ese lujo…Jarvis si! y mira que es de una banda mas “humilde” jajajajaja

    tqmmmmmmm!

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