Lo que veía Regina Spektor desde las butacas soviéticas

En 1989, la Hebrew Immigrant Aid Society ayudó a 36,000 judíos a dejar la Unión Soviética para encontrar una nueva vida en Estados Unidos, donde pudiesen ejercer el judaísmo libremente. Regina Spektor, entonces con escasos 9 años, estaba entre ellos.

Antes de partir rumbo a Viena y luego a Roma para finalmente establecerse con su familia en Nueva York, la pequeña Regina, quien a escondidas solía escuchar conversaciones de adultos, supo que pronto dejaría su natal Moscú. Sin embargo, su oreja incómoda le hizo creer que viajarían “al sur” e imaginó que llegarían a un país con selva, sol ardiente y clima tropical. Con emoción infantil, fue preparando la elección de su mascota favorita en la jungla: un león o un chita.

El sur nunca se acercó a Regina ni Regina al sur. En realidad, la niña moscovita encontró una jungla… de asfalto, atestada de rascacielos y comida claramente diferente a lo que había en tierra soviética. El Bronx le ofreció lo impensable: grandes variedades de cereales, verduras y frutas que no tenían que estar condicionados a la llegada de la primavera o de una determinada estación. Además, se percató de que los envases de los productos podían lucir diferentes colores y que las moradas no debían ser del mismo tamaño. Y la parte más traumática de su adolescencia no derivó de la patanada de un hombre, sino de su debut como pasajera de un automóvil. Tuvo las muchas náuseas impropias de una no embarazada.

Con esta adaptación al mundo nuevo, la pequeña Regina fue enterrando la infancia cotidiana en la que lo único occidental que se había filtrado eran las cintas (todas piratas) de la música de The Beatles y Queen que conseguía su padre y que escuchaba la familia en Moscú. Música que sonaba en extremo diferente a la ópera rusa. Las letras de John Lennon fueron su primera instrucción del idioma en el cual cantaría para ser famosa muchos años después.

Y luego permitió que tres discos le demostraran que los colores también pueden aplicarse a la música: el Grace, de Jeff Buclkey, el Debut, de Björk, y el OK Computer, de Radiohead.

Con ello, la nueva neoyorquina se escuchó a sí misma, desnudó su talento y dio rienda suelta al piano lejos del mero concierto #2 de Sergei Rachmaninoff. Del otro lado del mar, había mucho más qué hacer y qué crear con este instrumento.

Cinco álbumes y millones de aplausos después, la ya no tan pequeña Regina está lista para lanzar What We Saw From The Cheap Seats en mayo próximo, algo que ella misma espera con emoción y cuya consecuente gira quizá le permita viajar “al sur”, donde viven los leones y chitas que tanto anheló en la infancia soviética.

Anuncios

3 comentarios en “Lo que veía Regina Spektor desde las butacas soviéticas

  1. Hace apenas dos años empecé a escucharla. Su disco en vivo es, sin duda, una joya. Me encanta la cotidianidad en sus letras, la voz tan triste y su piano eterno.

Opina en Radiolaria

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s