
Hay una invitación de boda en el Salón de la Fama del Rock en la ciudad de Cleveland. Está enmarcada, retoza detrás de un vidrio ancho antibalas. En el reverso alguien escribió las palabras de una de las canciones más bailadas de todos los tiempos.
Ese alguien no podía bailar.
Hijo de inmigrantes judíos, Jerome Felder contrajo polio a los seis años en su natal Brooklyn. La enfermedad le dejó las piernas inservibles y una muleta como su gran compañera. Una noche de 1943, en un club de jazz de Greenwich Village, Jerome llevaba una hora sosteniendo un vaso de cerveza vacío cuando el propietario lo encaró y le exigió seguir consumiendo. “Soy cantante de blues y estoy aquí por una canción”, respondió. Se subió al escenario con sus muletas e interpretó “Piney Brown Blues”. La reacción del público lo sorprendió. Cuando el dueño le preguntó su nombre, respondió: “Soy Doc Pomus, y estoy aquí para cantar el blues”.
En 1957, Pomus se casó con Willi Burke, bailarina y actriz de Broadway, alta, rubia, magnética. Durante la recepción, el neoyorquino se sentó y la vio bailar durante varios minutos con su hermano Raoul. La vio bailar con otros invitados. La vio moverse por el salón con la soltura que él jamás pudo tener. No hubo amargura documentada esa noche, únicamente la imagen grabada en algún lugar del cuerpo donde se guardan las cosas que no se dicen.
Tres años después, buscando algo en una caja de sombreros, Pomus encontró la invitación de la boda. Volvió a su cabeza el recuerdo más vívido de aquella noche: su hermano Raoul bailando con su nueva esposa mientras él, con polio, permanecía sentado en su silla de ruedas. Inspirado, se quedó despierto escribiendo las palabras en el reverso de esa misma invitación. Su socio Mort Shuman le había tocado esa tarde una melodía latina soñadora. Pomus quería que las palabras sonaran como un poema traducido al inglés. Algo cercano a Neruda.
En el segundo verso de la canción se cuela un destello de celos: “If he asks if you’re all alone, can he take you home, you must tell him no…” La noche cerró cuando escribió las palabras que se volverían el título: “Save the Last Dance for Me.”
Más que a derrota, lo que salió sonó a generosidad: puedes bailar con quien quieras, puedes sonreírle a quien te sujete la mano bajo la luz de la luna. Pero no olvides quién te lleva a casa.
Cuando llegó el momento de grabar, la canción aterrizó en manos de The Drifters , el grupo vocal de R&B que Atlantic Records había reconstruido desde cero en 1958, sustituyendo a toda su formación original por un nuevo ensamble liderado por un joven de Harlem que aún se llamaba Benjamin Earl Nelson. La voz que llevaría la canción al número uno era la suya. Poco después adoptaría el nombre con el que el mundo lo conocería: Ben E. King.
El jefe de Atlantic, Ahmet Ertegun, le contó a King la historia de Pomus y los detalles de su boda antes de que entrara al estudio. Según Halberstadt, la historia persiguió al joven cantante. Mientras esperaba frente al micrófono, King contuvo las lágrimas. Momentos después dejó registrada una de las interpretaciones más conmovedoras de su vida. La canción fue relegada al lado B del sencillo. En una entrevista de 1990, el propio Pomus recordó que fue Dick Clark quien la rescató al voltear el disco en vivo en American Bandstand.
“Save the Last Dance for Me” se convirtió en una de las canciones de boda más populares del planeta. Miles de parejas la bailaron en su primer baile como esposos. Doc Pomus no protagonizó uno solo de esos bailes. Tampoco el suyo.
Cinco años después de que la canción llegara al número uno, Pomus y Willi Burke decidieron separarse.
La invitación sigue en Cleveland.
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