
Pegada a la frontera bielorrusa, Prípiat existe sin nadie.
Nadie abre una ventana, nadie enciende la estufa, nadie da un sorbo al café. La ciudad quedó como un libro abierto en la misma página. Las escuelas conservan pizarrones a medio gesto, los columpios observan el cielo con una serenidad oxidada y los edificios dejaron que el verde trepara sus muros y escalones. El reloj se paró como una aguja suspendida sobre un vinilo que todavía gira. A la espera de una mano…
El estallido del reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil ocurrió en la madrugada del 26 de abril de 1986 y el mundo tomó consciencia dos días después. En Suecia, los detectores de una planta nuclear activaron las alarmas y la señal viajó más rápido que los comunicados soviéticos que quisieron minimizar la tragedia. Europa supo entonces que una nube gigantesca volaba sobre el continente sin pasaporte y con otro propósito que no era llover. A tres kilómetros del reactor, Prípiat pasó a formar parte de un perímetro que reclamó nuevas reglas. La moderna ciudad quedó dentro de la zona de exclusión y la putrefacción atómica se hizo una lacerante realidad.
A finales de abril de ese año, en Inglaterra, Johnny Marr escuchaba la radio cuando la BBC relató el accidente de Ucrania y dio aviso de la gran nube. El boletín culminó y la programación dio paso a una canción de Wham!, anuncio que por inaudito fue señal e inspiración para Marr, guitarra y brújula sonora de The Smiths: “La historia de aquel desastre estremecedor terminó en la radio y, de inmediato, entró ‘I’m Your Man’. Oímos la nota de Chernóbil y, solo unos segundos después, se supone que debíamos estar bailando y brincando.”
Ese fue el origen de una composición del grupo de Manchester que elude cualquier entretejido técnico y concentra con maestría el tono cultural del momento: “Panic”.
El grito “Hang the DJ” funciona como una hipérbole ética. El programador de entonces, Steve Wright, encarnaba a una industria que administraba emociones para distraer a todos, evitándoles deprimirse con las tragedias. “Colgar al DJ” proponía precisamente lo contrario: detener esa música para escuchar lo que los noticiarios estuvieran diciendo, aunque doliera.
Hoy, la feria de Prípiat que aguardaba su inauguración sigue ahí, suspendida. Los edificios respiran hiedra y el territorio se convirtió en santuario animal. Lobos y alces transitan las avenidas, bisontes recuperan terreno, caballos de Przewalski trazan trayectorias y aves rapaces planean sin miedo. En los estanques surgieron ranas negras por una melanina que protege y se hereda. La pelambrera del bosque crece como tanque, los castores alzan diques y los perros descendientes de mascotas evacuadas forman manadas. Muchas criaturas pueblan exactamente ahí donde la vida humana se retiró a la fuerza.
En 1987, poco después de cantar “Panic”, The Smiths se detuvieron como aquella urbe que fue evacuada súbitamente y sin posibilidad de despedirse. El rock permaneció encendido, pero ya no hubo quien regresara a habitarlo. La puerta de la banda quedó cerrada para siempre.
Prípiat también.
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