
“D’yer Mak’er” se explica así: lenguaje, contexto y decisión.
Jimmy Page es el más frontal: “Me sorprendió que la gente no la entendiera”. Para él, es evidente la yuxtaposición y convivencia del reggae y doo-wop sin necesitar más autorización. Robert Plant empuja en otra dirección, pero sin desdecir a su querido guitarrista: “Había mucha imaginación en ese disco… es mucho más variado”. John Paul Jones, lejos de los otros dos, coloca su juicio en lo sorpresivo de las decisiones alrededor de algo que jamás debió prosperar: “Empezó como un chiste en el estudio… y la pieza no estaba lo suficientemente desarrollada”. La intrigante y exquisita constelación de argumentos en una misma pandilla de rock.
Ya en la cancha, el melenudo Plant lanza la frase en voz alta como si se tratase de un acertijo en una mesa de pub: “Did you make her?”. Lo interesante es que la pronuncia de corrido —“Jamaica”— y sonríe con esos aires de capo coqueto que siempre perfumaron su carisma. No queda duda de que la ocurrencia de los Zeppelin contiene ritmo, humor y una dirección que invoca nuevos espíritus.
En 1972, durante las tandas de grabación del álbum Houses of the Holy, esa idea entra al universo creativo de un cuarteto que parece ya no deber nada y sentirse cómodo a partir de la repercusión sísmica de Led Zeppelin IV, una planicie conquistada desde la cual todos acuerdan abrir el abanico. Unos más que otros, porque si se trata de dar cabida al reggae en el rock, las opiniones no terminan de acompasarse.
Dos décadas antes, en 1948, el barco HMT Empire Windrush llega al puerto de Tilbury con cientos de pasajeros del Caribe. Son ciudadanos británicos que arriban a un país lleno de cicatrices y en reconstrucción tras los bombarderos de la Segunda Guerra Mundial. Ese episodio, conocido como la llegada del Empire Windrush, marca en los calendarios el comienzo de una migración que trastoca la vida urbana londinense. Las nuevas comunidades se establecen en barrios como Notting Hill y Brixton, y de inmediato empiezan a operar equipos de sonido callejeros que reproducen discos traídos de Jamaica, tierra de ron, calor y bajos profundos.
A finales de los años 60 y principios de los 70, justo el tiempo del gran ascenso de Led Zeppelin, ese entorno ya se ha consolidado. Sellos como Trojan Records distribuyen reggae en el Reino Unido y los ingleses responden con curiosidad y fascinación. Al tiempo, cuadrillas como The Clash harán de ese lenguaje una declaración frontal desde los callejones, mientras que The Police lo llevará a una forma más elegante y expansiva.
“Ese tema es una mezcla de reggae y doo-wop de los años 50”, diría Page sobre “D’yer Mak’er”, la pieza que él siempre respaldó porque tenía dos vectores que pulverizaban lo previsible: el pujante reggae que aporta el acento desplazado y el cadencioso doo-wop que introduce progresiones y coros. La rúbrica de la novedad.
Lenguaje: una jugarreta fonética que se vuelve título. Contexto: una ciudad inglesa abierta al cambio donde el reggae circula en calles, tiendas y sistemas de sonido gracias a una migración iniciada en 1948. Decisión: un grupo de rock duro en su punto de ebullición que convierte ese lenguaje en melodía movediza.
El mérito está en un sonido ajeno que se hace propio y empieza a rotar. Como todas esas propuestas llenas de frescura y color que llegaron a Londres con remitente jamaicano.
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