
En algunas noches del Breakfast in America Tour de 1979, Roger Hodgson tomaba el micrófono detrás del teclado, sonreía con malicia y lanzaba: “Esta canción no se trata exactamente de regresar a casa, sino de no querer hacerlo”. El público dejaba salir una que otra risilla desde las butacas ante lo que parecía una declaración doméstica, acaso una confesión personal de Roger. Pero no se trataba de eso.
“Take the Long Way Home” nació de último momento, justo antes de que Supertramp, en el tiempo de su consagración como agrupación, entrara al estudio a grabar las composiciones de Breakfast in America, su obra maestra.
“Hablaba de no querer volver a casa con la esposa, de tomar el camino largo de regreso porque te trata como si fueras parte del mobiliario, pero la canción tiene también un nivel más profundo. Todos queremos encontrar nuestro hogar, encontrar ese lugar dentro de nosotros donde nos sentimos en casa”, explicó Hodgson. “El hogar está en el corazón y, en realidad, cuando estamos en contacto con nuestro corazón y vivimos la vida desde ahí. Era otro ángulo de una pregunta que llevaba muy dentro: ‘¿Dónde está mi casa? ¿Dónde está la paz?’. Sentía que estaba tomando una ruta demasiado larga para encontrarla”.
“Take the Long Way Home” no fue la canción más mediática de aquella fase. “The Logical Song” y “Breakfast in America” concentraron buena parte del foco y de la rotación de las emisoras de rock clásico. Esta entrega avanzó por un carril menos ruidoso. El piano, la armónica y la cadencia vocal construyen un pastiche medido de pop, soul suave y precisión de estudio que actúa como una fuerza centrípeta, llevando la escucha siempre hacia el mismo punto.
En una época que empezaba a dividirse entre el frenesí tecnológico y los luditas del desencanto, el quinteto impulsado en sus primeros días por el mecenas multimillonario Stanley August Miesegaes afinó una música pulida que conservaba el motor más potente: la inquietud.
El contexto en 1979 les daba un motivo. El Reino Unido acababa de ver llegar al poder a Margaret Thatcher y el país entraba en una fase de reordenamiento profundo. Viejas industrias perdían su musculatura, el desempleo presionaba a amplias capas sociales y el debate público se tensaba alrededor del trabajo, el hogar y la identidad. El punk ya había plasmado su huella con energía contestataria, mientras la electrónica empezaba a consolidarse como un nuevo idioma musical.
Poco después de hacer cumbre con el resto de la cuadrilla, Hodgson vislumbró encrucijadas personales y abandonó el campamento. Sucedió tras el tour de promoción de Famous Last Words. Se mudó con su esposa y sus hijos, primero a las montañas de California y luego a Canadá, buscando una vida más estable y una relación distinta con el tiempo.
“Cuando dejé Supertramp en 1983, lo hice para seguir a mi corazón, que me indicaba que era hora de hacer del hogar, la familia y la vida espiritual mi prioridad. Anhelaba estar con mis hijos mientras crecían”, reveló Roger.
La banda quedó bajo el liderazgo creativo de Rick Davies, ya sin contrapeso ni desavenencias internas. Supertramp siguió adelante con otros aromas. Ese único capitán impulsó un registro más sobrio, con mayor peso del rhythm & blues, letras más rugosas y una mirada menos introspectiva.
En “Take the Long Way Home”, Hodgson dejó constancia de algo que todavía no olía a decisión. No se trataba de volver o no volver al nido, abrir la puerta, caminar entre penumbras y meterse a la cama, sino de cantar acerca de un desajuste relevante. Cuando años después abandonó Supertramp, lo hizo para salvar su matrimonio, salvar a su familia y salvarse a sí mismo.
Se aseguró de seguir dando conciertos, ahora en solitario, pero siempre deseando regresar a casa… por la ruta corta.
“’Cause you’re the joke of the neighborhood, why should you care if you’re feelin’ good? Well, take the long way home, take the long way home…”
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