La historia detrás de las más grandes canciones

Steve Biko: mil cien kilómetros

Steve Biko era una amenaza para el apartheid porque cargaba un arma imperdonable y en extremo peligrosa: consciencia.

Desde finales de los años 60, el activista nacido en el poblado de Tarkastad articuló el movimiento Black Consciousness, una pedagogía que enseñaba a los sudafricanos negros a verse como ciudadanos, en detrimento del sólido entramado mental de la supremacía blanca. El indoblegable ideólogo vivió para organizar a los estudiantes, tejer redes civiles y expresar en voz alta: “Ser negro no es cuestión de pigmentación, sino una reflexión sobre una actitud. Simplemente al describirse negro usted inicia una senda en torno a la emancipación”. Ante tales manifestaciones, las cabezas del Estado respondieron configurando una orden de prohibición que confinó y colocó a Biko bajo vigilancia permanente.

El 18 de agosto de 1977, llegó la detención en un retén cerca de Grahamstown, tras lo cual fue mantenido bajo custodia durante casi tres semanas en dependencias de la Policía de Seguridad en Port Elizabeth.

El 6 de septiembre, en la Sala 619 del edificio Sanlam, un golpe de los muchos que recibió en la cabeza le produjo una hemorragia y daño cerebral de tal magnitud que ya no pudo mantenerse en pie. Los relatos recogen de esos días la imagen de un hombre de treinta años desnudo, vapuleado, encadenado al suelo y sin atención médica.

Cinco días después, agentes lo trasladaron más de mil cien kilómetros hasta Pretoria, en la parte trasera de una camioneta policial. Viajó de noche, inconsciente y esposado. Al arribar, fue ingresado en el hospital de la prisión central. En la mañana del 12 de septiembre, fue declarado muerto.

El poder anunció que la causa del deceso fue una huelga de hambre derivada de su detención por provocar disturbios en Port Elizabeth y por sembrar palabras contra el apartheid. Semejante explicación cayó como una piedra en el agua quieta y levantó una ola de indignación, protestas y grietas que ya no pudieron cerrarse.

Más de mil días después, el 18 de agosto de 1980, Peter Gabriel publicó “Biko” como tema medular de un tercer álbum que el mundo conocería como Melt. La canción se citaba de frente con el hombre, con el régimen opresor y con el crimen, adobado con cánticos de funeral y memoria sudafricana.

En aquella portada el rostro de Gabriel ocupaba casi todo el encuadre y parecía un capo derritiéndose por altas temperaturas. Un ojo apenas sostenía la mirada. Por eso el disco terminó titulándose así.

En semanas, el gobierno de Sudáfrica prohibió tanto el sencillo como el álbum que lo hospedaba. Las copias detenidas en aduanas, la difusión bloqueada y la censura solo confirmaron el alcance político de la elegía del ex Genesis.

Algunas organizaciones de derechos humanos adoptaron la canción como emblema y Amnistía Internacional la hizo su estandarte sonoro. Tal cadena de efectos llevó a Peter a las giras de 1986 en Estados Unidos (A Conspiracy of Hope) y al recorrido global de 1988 (Human Rights Now!).

Ya víctima de la calvicie, Gabriel dijo en 2022: “Probablemente la canción que cambió mi vida de modo más significativo fue ‘Biko’. Me permitió ser invitado a una gira de amnistía en América e involucrarme cada vez más en asuntos de derechos humanos. Si tuviera que elegir una canción con impacto mayúsculo en mi vida, sería esa”.

La única forma en que Biko escapó de aquel arresto fue como canción. La que más golpea el alma de Gabriel. Un martillo interno que no se ha detenido jamás.

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