La historia detrás de las más grandes canciones

Morrison, New Haven y los indios

1967. New Haven Veterans Memorial Coliseum, Connecticut. Dos mil personas —muchas de ellas chicas que alistan quitarse el sostén y arrojarlo al protagonista de la velada— aguardan el concierto de The Doors el 9 de diciembre.

En un angosto pasillo junto a los camerinos, ese paladín de los pantalones de cuero está muy pegadito con una fan cuando un policía los pilla in fraganti, los increpa y, sin tanta explicación, saca un aerosol y lo rocía en los ojos del cantante. “Estuve prácticamente ciego durante unos treinta minutos”, diría el afectado, el vocalista del grupo, el apuesto Jim.

Los encargados de la arena consideran cancelar el recital, pero temen que la multitud entre en cólera y se desate el caos. Finalmente permiten que el cuarteto californiano salte al escenario: Morrison al frente, Robby Krieger aferrado a la guitarra, John Densmore y Ray Manzarek demás ocupando sus puestos mientras el cantante de veinticuatro años hace abdominales con los párpados para recobrar la visión.

Lo previsible: Morrison sube furioso a las tablas y no tarda en contar al público lo que acaba de suceder, imitación y mofas incluidas.

Las luces se encienden y seis policías irrumpen en el escenario. Morrison queda unos segundos con los brazos abiertos, los nudillos tensos como pequeñas cuchillas, mientras el público desata un aluvión de alaridos. Jim es esposado y sacado a empujones del recinto.

El periodista Fred Powledge describiría el acontecimiento el 11 de diciembre: “Morrison le contó al público, unas dos mil personas, que estaba hablando con una chica en el camerino cuando un policía entró y le dijo a la pareja que se moviera. Morrison dijo que dudó un momento y que el agente le roció ‘Mace’, una forma de gas lacrimógeno que la policía ha utilizado recientemente al intentar someter a personas que se tornan violentas. La policía, sin embargo, tiene una versión diferente de lo que ocurrió en el camerino. El teniente James Kelly escribió en su informe de arresto que Morrison y una estudiante de dieciocho años de la cercana Southern Connecticut State College estaban ‘de pie y besándose’ en el camerino”.

Tres años después, el hecho reaparecería convertido en verso en “Peace Frog”, uno de los pasajes más poderosos del álbum Morrison Hotel: “Blood in the streets in the town of New Haven…

Pero la sangre en las calles de la canción no viene únicamente del episodio en Connecticut.

1947. Una carretera del desierto de Nuevo México al amanecer. Un niño viaja con su familia cuando el automóvil se encuentra de frente con un accidente: indígenas esparcidos sobre el asfalto, algunos heridos, otros inmóviles cuya condición es incierta. “Fue la primera vez que experimenté miedo real… debía tener unos cuatro años”, diría Jim.

Al paso de los años, el incidente creció en la memoria del cantante y fue parte de su poema Dawn’s Highway: “Los fantasmas de esos indios saltaron a mi alma; yo era como una esponja lista para absorberlo todo”.

Cuando Morrison tejió la lírica de “Peace Frog”, dos escenas separadas por veinte años quedaron soldadas ahí. Y, sin embargo, la que detonó todo en New Haven conserva una figura casi borrada. La joven que estaba con Morrison aquella noche —identificada como Sandy Spodnik— desapareció de la historia. Décadas después, cuando periodistas lograron localizarla, eligió llevarse consigo la versión completa de aquella noche.

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