
La ocasión previa en que James Taylor tocó en el Newport Folk Festival, fue interrumpido exactamente cuando acababa de interpretar “Fire and Rain”.
Los organizadores decidieron detener el show para dar paso a una histórica transmisión. Sin armar bronca, el músico de mirada introspectiva y cabellera ondulada entendió el motivo y permitió que Neil Armstrong se robara la gloria en aquel domingo 20 de julio de 1969, dando un gran paso para la humanidad a trescientos noventa mil kilómetros de distancia.
La Luna siguió su órbita y Newport continuó celebrando veranos, pero aquella interrupción preservó la sensación leve de frase abierta que el tiempo guardó sin prisa.
Cuarenta y seis años y cinco días después, Taylor reapareció en Newport para saldar el pendiente en el parque frente al Atlántico. Subió a la tarima con el cabello ralo, el rostro surcado por arrugas elocuentes y una gorra verde militar que apenas le ofrecía resguardo. Saludó a la audiencia con una sonrisa breve y no hizo falta dar más contexto. El gesto bastó. El cantautor retomó el hilo de aquel set interrumpido por la noticia del alunizaje. Tal vez se trató del bis más dilatado en la historia de la música, un regreso que permaneció suspendido durante décadas mientras el público intentaba descifrar en qué compás exacto había quedado congelada la memoria.
En el origen de “Fire and Rain”, la última canción interpretada por Taylor antes de la gran pausa, latía Suzanne Schnerr, amiga de sus días en el hospital McLean de Massachusetts. Mientras el músico trabajaba en Londres en su primer álbum para Apple, la muerte de Suzanne lo alcanzó con la delicadeza de los mensajes tardíos: sus amigos decidieron resguardarlo y la noticia llegó meses después, cuando la distancia ya había sedimentado en silencio. El verso inicial —“Just yesterday morning they let me know you were gone”— conserva esa resonancia íntima, la sensación de recibir una pérdida cuando el tiempo ha seguido avanzando.
En torno al que eventualmente fue lanzado como sencillo en 1970 como parte del disco Sweet Baby James también circularon versiones ajenas a la verdad. Hubo quienes imaginaron que Suzanne había sido una novia fallecida en un accidente aéreo, algo que Taylor despejó pronto en una entrevista de 1971 con Petticoat: “Se trataba de una chica llamada Susanne que conocí, a quien pusieron en una celda de aislamiento; no pudo soportarlo y se suicidó”.
Con el tiempo, el propio James reveló otra inquietud sobre la letra. Charlando con la Rolling Stone en 1972 reconoció: “Siempre me sentí incómodo con la línea que decía que los planes que ellos hicieron terminaron con ella, porque ese ‘ellos’ solo significaba ‘los dioses’, o básicamente ‘el destino’”.
En suma, Taylor temía que la familia de Suzanne interpretara ese “ellos” como una acusación directa. Además del duelo, la pieza cargaba con la responsabilidad de nombrarlo en público.
Cuando el cantautor de Boston regresó a la tarima de Newport a los sesenta y siete años, más que simplemente reanudar un concierto, volvió a un instante de su vida. Y algo volvió a encenderse en él, con todo y las arrugas, pensando en Suzanne.
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