
“At least we died together, holding hands, flying through the sky…”, escribió Moby en la intimidad de su estudio de Manhattan, rodeado de teclados, cables enredados y el tipo de silencio que precede a algo ajeno a cualquier variante de serenidad.
La línea quedó ahí, abajo del título “Sleep Alone”, en el cuaderno del neoyorquino como la escena romántica y trágica de dos personas en el aire. Piano sobrio. Voz sampleada. Un tempo al que le venía muy bien rodearse de silencio.
El álbum 18 estaba casi terminado. Tras el vendaval global de Play, recibido con clamor y convertido en fenómeno internacional que subió el listón para la electrónica emocional de su tiempo, Moby intentaba reencontrarse con la introspección y con cierto nivel de tranquilidad en medio de la adulación crítica, en un mundo revuelto que estrenaba siglo y que ya le reconocía por completo.
Solo cinco días después de haber escrito esas líneas, la ciudad de las dos torres de acero obligó a releerlas.
El 11 de septiembre de 2001 interrumpió la rutina de Nueva York y transformó la relación del músico de las gafas de pasta ancha con sus letras. Al volver a mirar el cuaderno, la imagen de dos personas tomadas de la mano y suspendidas en el aire dejó de ser terreno exclusivo de la imaginación. Súbitamente, la idea halló correspondencia con las imágenes que recorrieron la ciudad y el mundo en los noticiarios de televisión.
“Me hizo llorar pensar en gente saltando de la mano desde el World Trade Center. Todavía eso me hace llorar”, anotó el músico en su diario personal meses después del atentado terrorista más mortífero en la historia de Estados Unidos.
El verso original de “Sleep Alone” se volvió literal. El mismo día que marcaba su nacimiento quedó atado para siempre al acontecimiento que definió la memoria colectiva de su ciudad natal. “No hay imagen más desgarradora del 11 de septiembre”, dijo.
Cumpleaños y tragedia. Letra escrita en soledad y escena compartida por millones. El verso permanecía en la libreta, pero su presencia dentro del disco resultaba imposible de sostener, como el propio autor admitiría: “Por razones personales no pude incluir esas letras”.
“Sleep Alone” inició entonces una segunda vida. La música y la estructura permanecieron intactas, pero el ajuste lírico fue inevitable. Entre las modificaciones más citadas resalta el paso de “pieces of fire” a “pieces of light”. Aunque mínima en apariencia, la modificación en la carga emocional fue total.
la historia del verso retirado adquirió con los años una condición casi legendaria…
Con el paso de los años, la historia del verso retirado adquirió con los años una condición casi legendaria que escolta cada ocasión de escucha del tema, aunque en algunos recitales recientes Moby ha recuperado la versión original, ya fuera del impacto inmediato de aquel martes de aviones convertidos en armas, estruendos y humaredas.
Moby cumplió treinta y seis años el día en que su ciudad fue mutilada. Sucedió poco después de haber escrito unas cuantas ideas que se volvieron premonitorias. Ninguno de sus cumpleaños posteriores llegó solo.
“So many empty nights, just waiting for this…”
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