La historia detrás de las más grandes canciones

El señor Crowley, el hombre más depravado que Ozzy invocó

Treinta y ocho segundos de un órgano lúgubre como un salón sin retratos donde sólo quedan los clavos. Nadie canta. Nadie pulsa una cuerda. Nadie golpea la batería. Don Airey aprieta las teclas con concentración absoluta hasta que una voz lanza el aullido: “Miiiiiister Crowley!”.

Nacido en 1875 en medio de una familia evangélica, Aleister Crowley fundó Thelema y proclamó en 1904: “Haz tu voluntad, será toda la Ley”.

En el amanecer de los años 20, el ocultista y escritor británico instaló en Sicilia la Abadía de Thelema, una comunidad esotérica dedicada a rituales y magia sexual. A partir del cotilleo local, la sede italiana no le dio más tiempo y expulsó a Crowley en 1923. A ello se sumó la crítica de la prensa británica, la cual amplificó las acusaciones en su contra, llamándolo “El hombre más depravado del mundo”.

Aleister, que firmó como Perdurabo, adoptó el nombre de Gran Bestia 666 y llegó a presentarse como Baphomet, falleció en 1947 por complicaciones respiratorias y cardíacas. Durante su funeral fueron recitados algunos pasajes de The Book of the Law, la base doctrinal de Thelema, hecho que indignó a la prensa. Incluso muerto, el brujo y autor de docenas de libros siguió provocando titulares.

En 1979, Ozzy Osbourne fue despedido de Black Sabbath tras un desgaste que se intensificó en la grabación del álbum Never Say Die!. Al tiempo, el Príncipe de la Oscuridad sintetizaría en The Guardian aquel momento que se asoció más a las repercusiones del exceso que a los tintes del futuro: “Pensé que mi carrera había terminado”.

Osbourne se metió al estudio Ridge Farm en 1980 con Randy Rhoads, Bob Daisley, Lee Kerslake y Don Airey. Originalmente, esa formación iba a llamarse Blizzard of Ozz, sin embargo, la decisión de usar el nombre de Ozzy derivó del empuje del management. Así pues, fue el disco, y no la banda, el que recibió el título de Blizzard of Ozz.

En esas sesiones había una baraja diseñada por Crowley y pintada por la londinense Lady Frieda Harris. Era el célebre Tarot de Thoth, creado cuatro décadas antes y atiborrado de simbolismos cabalísticos. “Estaba leyendo sobre Aleister Crowley y teníamos en el estudio una baraja que él había concebido. Una cosa llevó a la otra…”, expuso Ozzy en 1997, en las notas del recopilatorio The Ozzman Cometh, citadas en 2020 por la edición australiana de Rolling Stone.

El órgano inicial nació de Don Airey trabajando en la más honda soledad. Cuando Ozzy volvió al estudio y escuchó aquello, fue como si el otrora tecladista de Rainbow se hubiese conectado a su cabeza. Ya después, Rhoads sacó la pieza de este mundo con un solo de progresión neoclásica que se fugó de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. “Pienso en términos de música clásica (…) Siempre busco que mis solos sean diferentes al riff principal”, comentó Randy a Guitar Player en 1981.

Los días del hombre más depravado del mundo acabaron en una pensión de Sussex. Quedan las cartas de sus devotas, mujeres de medios precarios y lealtad inquebrantable que siguieron procurándole nuevos adeptos. Pese al desmoronamiento de su causa, el señor Crowley consignó con minuciosidad coitos y episodios cargados de heroína hasta el final.

Lejos de la grandeza que proclamó, el profeta terminó incinerado. Décadas después, un rockero desamparado y marcado por el exceso lo invocó y aulló su nombre frente a estadios llenos.

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